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Colaboraciones

El Festival de Cine Europeo de Sevilla ha rendido un más que justo y merecido homenaje a Gonzalo García Pelayo, uno de los principales directores de nuestra cinematografía que debutó a mediados de los años 70, en plena transición y que dejó el cine apenas unos años después, desencantado. Vive desde hace bastantes años del juego y las apuestas, faceta llevada al cine en la película, 'The Pelayos', dirigida por Eduard Cortés.

Nació en Madrid en 1947, pero con cinco años ya estaba en Jerez de la Frontera (Cádiz) y con ocho en Sevilla. Se matriculó en Filosofía y Letras, pero abandonó la carrera en dos ocasiones. Su primer contacto con la música fue a través del grupo 'Smash'. Se matriculó en la Escuela Oficial de Cinematografía, junto a Jaime Chávarri y Manuel Gutiérrez Aragón, pero fue expulsado durante los últimos coletazos del franquismo. Fundó Popular Fm, considerada la radio “progre” por excelencia en los últimos años del régimen anterior. Creó la discográfica Gong y se labró un nombre en la historia reciente de la música española como productor de Labordeta, Luis Eduardo Aute, Lole y Manuel, Triana, María Jiménez y Amancio Prada, a la vez que apostaba por nuevos valores como José Mercé y Carlos Cano y propiciaba que se editaran los primeros discos españoles de Quilapayún, Víctor Jara, Silvio Rodríguez o Pablo Milanés.

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Conocimos la semana pasada que dos cortometrajes andaluces han sido preseleccionados por la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas de España para competir en la próxima edición de los Premios Goya en la categoría de Animación. Se tratan de Alfred & Anna, dirigido por Juanma Suárez con música de Roque Baños y producido por Forma Animada, S.L. y Fuga, de Juan Antonio Espigares, producido por Andale Films, S.L., que ha obtenido, entre otros, los premios a Mejor Cortometraje de Animación en los Festivales de Sitges (2012) y Málaga (2012).

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Dejo Heartland con un gran sabor de boca y me separo 2 horas más del "time zone" peninsular al aterrizar en Los Ángeles (L.A., para los que quieran parecer totalmente integrados aquí). Es decir, cuando me meta en la cama a las 12 de noche, el resto de españolitos de a pie se estarán levantando a las 8 AM. Combinar un flujo de trabajo con España desde aquí me obliga a dormir un máximo de 6 horas.

Tras visitar otros mercados como Berlín o Guadalajara, el American Film Market (o AFM, para los amigos) no puede ser más como su propio nombre indica: American. Porque sólo aquí se concibe que tenga lugar en un hotel (el Loews) por el mero hecho de que las reuniones se puedan tener en la piscina con acceso directo a la playa de Santa Mónica. ¿Y los stands, dónde los ponemos? Esto es un hotel de lujo, no ensuciemos la vista con stands. Si un hotel tiene cientos de habitaciones, sólo hay que alquilarlas a los exhibidores, sacar todas las camas y cambiarlas por mesas y sillas. Los que quieren distinguirse del resto cogen una de las habitaciones con terraza con vistas al Océano Pacífico, como la de Filmax, uno de los representante patrios. Quedo para comer con 2 compañeros del medio afincados aquí: Alexis Valdés, con quien comparto "ciudadanía andaluza", y con Juan Ignacio Cabrera, a quien técnicamente le debo la preclasificación a los Óscar al arreglarme un problema de compatibilidad con el DCP de LIBRE DIRECTO que me ha llevado hasta aquí.

Aquí vivo otro ejemplo más de que estamos en tierra de contrastes: en un bar me tomo un burrito de pollo del tamaño de mi brazo por 10 dólares y acto seguido me cobran 7 dólares por un cortado en el Hotel Merigot (que no Marygold). Aunque si lo pienso está en consonancia con el resto del lugar, donde la acreditación de 1 día cuesta 120 dólares. El balance del AFM es altamente fructífero. Ya se acaba para mí aunque para el resto aún le quedan algunos días. Al montarme en el avión cambio el chip y me pongo en "modo ibérico" tras enterarme de que la Academia de Cine española hará público el próximo martes los 10 cortometrajes que podrán votar los académicos. Hollywood puede esperar. Goya, no me corras. 

 

Hace ahora 25 años llegaba a los cines ‘Las dos orillas’, el debut en el largometraje de Juan Sebastián Bollaín, arquitecto que había deslumbrado en la década de los setenta con sus cortometrajes “underground”.

Bollaín nació en Madrid en 1945, pero desde los nueve años vive en Sevilla. Con 13 años su padre le regaló una cámara de cine amateur con la que empezó a filmar. Animado por algunos premios internacionales que consiguió en Praga y Buenos Aires, se decantó por el cine a partir de 1970 con una serie de cortometrajes bastante sorprendentes e imaginativos en los que afloraba su gusto por el surrealismo y Buñuel, así como sus conocimientos sobre arquitectura y urbanismo.

Su primer título más destacado es ‘La Alameda’, producido por la Delegación de Sevilla del Colegio Oficial de Arquitectos de Andalucía Occidental y Badajoz en 1978, donde muestra, en blanco y negro, una Alameda degradada socialmente, llena de prostitutas y con zonas de la misma convertidas en estercoleros. 

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Casualmente, los cortos que más me están gustando en este festival son documentales: 'One Split Second' cuenta la historia de una fotógrafa superviviente al cáncer que decide crear una asociación de fotógrafos profesionales por todo el mundo para hacer sesiones gratuitas a enfermos terminales de cáncer junto a sus familias.

Por supuesto, en EEUU es donde se encuentra la inmensa mayoría de los miembros porque el voluntariado es algo que pertenece tanto a la cultura norteamericana como el jamón de bellota a la nuestra. Para entenderlo basta lo vivido esta mañana al ir a Monument Circle (algo así como la Puerta del Sol de Indianápolis) a por la dosis diaria de cafeína. De repente me veo atacado por ambos flancos por Lara Croft y Kung-Fú Panda. Bueno, en realidad son la versión afro de Lara Croft y la personificación de Kung-Fú Panda reconvertida en stripper. Me dan una tarjeta con una página web (pacemateshalloween.com) y me explican que son voluntarias para recaudar fondos. Sólo hay que entrar en la paginita en cuestión, votar el mejor disfraz de Halloween, los patrocinadores dan un premio en metálico al ganador y éste a su vez lo dona a beneficencia.

La rueda gira de la misma forma aquí en Heartland. Hay voluntarios del festival por todas partes no sólo haciendo que todo funcione a la perfección sino intentando que todos los directores asistentes se sientan las personas más importantes del mundo por el mero hecho de hacer películas. Si el "shoemaker" es alguien dedicado a hacer zapatos no sólo para ganarse la vida sino porque no entiende la misma de otra forma, aquí el término "filmmaker" adquiere todo su sentido. Son personas que dedican su vida al cine y por esa razón merecen ser veneradas como becerros de oro.

Me meto en el cine a ver una de las películas en competición cuando oigo a uno de los voluntarios: Señoras y señores, tenemos la suerte de contar entre nosotros con un "filmmaker". La ovación que siguió fue tal que tuve que añadir: ¡Pero yo no hice esta película! Les dio igual: ¡Pero eres "filmmaker"! Podría haber tenido a mi lado al creador de la vacuna contra el cáncer que no les hubiera causado el movimiento de una ceja. El festival se acerca a su fin. En la fiesta de clausura me dibujan una caricatura (aporto comprobante) y dicen los Premios del Público en las tres categorías. En cortos, que es lo que nos ocupa, gana 'It ain't over', un documental sobre la esclerosis. Los ganadores lo agradecen vía Skype. Por lo que a mí respecta, ya estoy pensando en lo que me deparará en Los Ángeles a partir de mañana. Que me quiten lo bailado aquí en Indianapolis. Heartland ha muerto. Viva Heartland (y Los Ángeles).

Acabamos de pasar el ecuador del festival y estoy contento porque he visto un buen número de largos que me atraían y también varios programas de cortos que están en Selección Oficial (hay que conocer al enemigo). Uno de los cortometrajes que más me ha gustado es 'Good Kharma 1$' que cuenta la historia de un renombrado publicista que decide coleccionar frases ingeniosas (mensajes publicitarios) que los homeless repartidos por todos los EEUU escriben en cartones para llamar la atención del viandante (clientes potenciales). 

Eso, en un país donde tienes homeless en cada esquina y una creatividad empujada por la escasez, significa que el protagonista de la historia acaba con cientos de cartones inundando su casa. Y en una especie de dejá-vu cinematográfico al salir de la sala me encuentro con un "creativo" sosteniendo un cartón que dice (traduzco libremente): "O me das dinero o voto a Romney'.

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Bernabé en Hollywood

El día que recibí el email confirmándome que "Libre Directo" estaría en Selección Oficial del Festival de Heartland debo reconocer que lo primero que hice fue ilusionarme por ser elegido en un festival con tanto renombre...y lo segundo fue correr a meter "Heartland" en Google Maps. Cero resultados. Con razón no aparecía. Heartland no es un pueblo en mitad del desierto como Sundance. Heartland es la marca del festival que tiene lugar cada año en Indianapolis y que este año cumple su 21ª edición. La "tierra conmovedora", por usar una traducción algo libre, nos da una idea de la esencia de este acontecimiento cinematográfico. Igual que hay festivales donde sólo compiten óperas primas y otros para películas dirigidas por mujeres, la característica principal de éste es que sólo pueden competir películas que sean inspiradoras para otros seres humanos.

Hasta que aterricé en Indianápolis pensaba que las limousinas (o limusinas, nunca he sabido cuál es la españolización del término) estaban reservadas para los Óscar y los festivales con estrellas estratosféricas que les obligaban a recogerlas en estos equivalentes a cuatro ruedas de lo que sería un perro salchicha en el mundo canino.

Pero en Heartland me han enseñado nada más llegar que para ellos un actor como yo convertido en director ocasional ya tiene la condición,de estrella por el hecho de haber sido seleccionado en su festival y que por lo tanto se merece ser transportado en perro salchicha. Y no contentos con eso, tienen incluso fans que a la llegada al hotel te reciben con aplausos y te tiran del brazo para hacerse una foto contigo justo cuando estás tratando de inmortalizar tu "momento glamour" junto a descomunal bicho rodante. Para rematar, al registrarme en el hotel me dicen que tengo la habitación 1111. Número mágico. Heartland...no hemos podido empezar mejor.

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La directora granadina aborda el drama de la emigración en trabajos como ‘Poniente’ o ‘Retorno a Hamsala’, un tema particularmente cercano a ella

Hace 20 años el estreno de ‘Sublet’ supuso una bocanada de aire fresco para el cine español y la aparición de una nueva directora a tener en cuenta, Chus Gutiérrez. Nacida en Granada hace cinco décadas, Gutiérrez sintió fascinación por la escritura desde que era niña y con 18 años tuvo claro que sólo le gustaban dos cosas: contar historias o cantar flamenco. Pero el cine se cruzó en su vida cuando por avatares del destino se vio mecanografiando el guión de un chico que le gustaba y que estudiaba imagen. Entonces se dio cuenta de la relación entre cine y escritura.

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