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Festival de Cine Iberoamericano de Huelva

Los siete magníficos


No habían pasado ni dos semanas de la muerte de Franco cuando comenzaba la primera edición de la denominada entonces Semana de Cine Iberoamericano de Huelva. Fueron días muy intensos y llenos de ilusión por una etapa política que parecía cerrarse y porque suponía el inicio de un evento cinematográfico de primer calibre, algo que por entonces evidentemente ni podían intuir sus responsables.

Habría que retroceder unos años para encontrar el punto de partida de este certamen, nacido al calor de un activo cine-club que tuvo bastante repercusión social en la Huelva de los años 60. Sus principales promotores eran un empresario hotelero, José Luis Ruiz, y el periodista Vicente Quiroga, director y miembro del equipo directivo del Festival durante bastantes años.

Además de ser el fundador, José Luis Ruiz ha sido quien más tiempo ha llevado las riendas del festival en dos etapas diferentes. En la primera fue director indiscutido hasta junio de 1993, cuando renunció por “falta de concreción en el apoyo financiero”, desacuerdo con el desarrollo del futuro Patronato y el lógico cansancio tras haber dedicado 18 años de su vida al certamen. Le sucedió Diego Figueroa, secretario general del festival durante muchos años y por tanto buen conocedor del mismo. Fue una edición bastante ambiciosa, con un canal de televisión propio, y en la que los onubenses se sorprendieron cuando una banda de Moros y Cristianos, venida desde Paterna (Valencia) para el homenaje a Antonio Ferrandis, desfiló por las calles de la capital. No faltó ni la tradicional “mascletá”, pero el resultado fue un déficit de unos 50 millones de pesetas.

La fórmula elegida para poner orden en las cuentas de la siguiente edición, necesariamente austera, fue la de una bicefalia a cargo del doctor en historia y cinéfilo Francisco López Villarejo, como director técnico y el poeta, así como gestor político, José Juan Díaz Trillo, como gerente.

José Luis Ruiz fue requerido en 1995 y se hizo cargo de tres ediciones más. En la última, la de 1997, Francisco López Villarejo se incorporó de nuevo al equipo directivo, en calidad de director gerente, simultaneando esta labor con la de gerente del Patronato de Cultura del Ayuntamiento.

Al año siguiente se repitió este modelo pero esta vez sin José Luis Ruiz, que se despedía por segunda vez del festival. Le sustituyó Jon Apaolaza, otra persona muy vinculada con el certamen a través de su oficina de prensa, pero que tan sólo estuvo como director técnico esta edición debido a los notables desencuentros con el director gerente López Villarejo. Éste se hizo cargo del festival en solitario durante tres años, suscitando en este tiempo muchas críticas desde la oposición municipal, a pesar de su buena gestión y del evidente crecimiento del festival.

Cuando finalmente López Villarejo fue cesado, poco después de la edición de 2001, le sustituyó el productor de TVE Salvador Augustín, que dimitió meses después porque las instituciones no se hacían cargo de la deuda acumulada de años anteriores. En su lugar vino otro profesional de Madrid, el director de fotografía Porfirio Enríquez, poco conocedor del festival, y cuya principal batalla fue conseguir evitar la quiebra técnica y que se redujera el déficit por las aportaciones impagadas. Sólo la deuda del Ayuntamiento de Huelva con el Festival ascendía a 450.000 euros.

Tras unos años difíciles, Eduardo Trías consiguió en su primera edición como director (2006) un aumento del 19% del presupuesto. El Festival volvió a recibir un fuerte impulso, pero en la edición del pasado año los recortes y la retirada de patrocinios y subvenciones fueron de tal calibre que llegaron a poner en riesgo la propia supervivencia del Festival. Afortunadamente, Trías logró salvar la situación y encarar de nuevo el futuro con ilusión y mucho trabajo.
 

Galería de nombres ilustres

Por el Festival han pasado los mejores cineastas iberoamericanos, desde Luis Buñuel, en su segunda edición (un año antes de dirigir la que sería su última película, hasta Arturo Ripstein o Adolfo Aristaráin, pasando por Luis Alcoriza, Luis García Berlanga, Fernando Ayala, Carlos Saura, Fernando Fernán Gómez, Tomás Gutiérrez Alea, Juan Antonio Bardem, Emilio “Indio” Fernández o Mario Camus. Algunos, además, vinieron bien acompañados, como Miguel Littín que en 1986, en el ocaso de la dictadura de Pinochet, apareció con la viuda de Salvador Allende, Hortensia Busi, recibida con un fuerte aplauso a su entrada en el cine Emperador.

Tampoco faltaron las grandes estrellas como Mario Moreno, “Cantinflas”, Alfredo Landa, Sonia Braga, Fernando Rey, Cecilia Roth, la diva mexicana María Félix, Federico Luppi, María Conchita Alonso, que compartió reparto con Arnold Schwarzenegger, Robin Williams, Robert Duvall, Sean Penn, Meryl Streep y Dennis Hooper, o el californiano Edward James Olmos, muy popular entonces por el personaje de teniente Castillo en “Corrupción en Miami”, que celebró en Huelva el día de Acción de Gracias con el tradicional menú.

Escritores de cine

La literatura ha estado muy presente casi desde el primer momento en el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva. José Luis Ruiz ha querido contar siempre con escritores como miembros del Jurado Oficial o participando en diversas actividades.

Escritores como Juan Marsé, Camilo José Cela, Juan Carlos Onetti, Caballero Bonald, Álvaro Mutis, Zoe Valdés, Luis Sepúlveda, José María Vaz de Soto, Fernando Sánchez Dragó, Luis Sepúlveda o Mario Vargas Llosa han asistido a la cita de Huelva con el cine y, en este caso, la literatura iberoamericana. Vargas Llosa no ha sido el único Premio Nobel presente en este certamen, al que también acudió José Saramago, quien llegó a afirmar que “este Festival, desde el punto de vista cualitativo, tiene mayor trascendencia que el de Cannes”.

Otro de los escritores que pasaron por Huelva fue Rafael Alberti, asimismo autor del cartel de la edición de 1986. Cuatro años antes, se incluyó un ciclo sobre García Lorca y el cine, que reunió en una mesa redonda a Luis Rosales e Ian Gibson.

Quizás la anécdota más curiosa la aporta Alfredo Bryce Echenique, quien rememoraba una noche de farra de su paso por Huelva en 1986, en su libro “Permiso para vivir (Antimemorias)”.
 

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Una sección de Miguel Olid

Doctor en Comunicación Audiovisual, en la especialidad de Historia del cine. Es autor de varios libros sobre cine español e iberoamericano, así como habitual colaborador en prensa (ABC, El País y numerosas revistas culturales y de cine), desde 1992. Director y guionista de cortos y documentales, exhibidos en festivales de medio mundo y con premios internacionales en Cracovia y Tokyo. Sus investigaciones sobre el cine español le han llevado a más de treinta instituciones y universidades de una docena de países de América, Europa y Asia. Lleva más de 20 años escribiendo sobre la Historia del Cine en Andalucía y, sobre ello, nos ilustra en su sección 'Una de historia'.
 

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