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Manolo Summers

Hace 20 años, el 12 de junio de 1993, falleció en Sevilla Manolo Summers, cuando no aún no había llegado a los 60. Era tímido a pesar de la imagen que desprendía, poseedor de un gran sentido del humor, fiel con sus amigos y rebelde como él solo, aunque no lo pareciera. Tal como afirmó en más de una ocasión, le gustaba ir contracorriente. Así justificaba su giro ideológico y cómo de ser antifranquista durante la dictadura pasó a ser un feroz crítico de Felipe González desde las páginas de ABC, cuyas ilustraciones (especialmente las semanales de “Blanco y negro”) son todavía recordadas.

Pero por encima de todo esto, Manolo Summers, nacido en Huelva en 1935, fue uno de los más destacados cineastas de su generación y quizás el que más sorprendió en su debut. Tras concluir sus estudios de cine con el cortometraje “El viejecito” en 1959, decidió debutar con una tierna historia en “Del rosa al amarillo”, aclamada por la crítica y premiada en el Festival de cine de San Sebastián con la Concha de Plata. El Círculo de Escritores Cinematográficos también premió el doble trabajo de Summers como director y guionista de esta doble historia de amor (infantil y de la tercera edad) que muchos consideran su mejor película.

Con su siguiente trabajo, “La niña de luto”, se confirmaba su talento y que la buena acogida del anterior título no había sido fruto del azar. Esta película permitió además dar un nuevo registro a Alfredo Landa, a quien, landismo al margen, muchos recuerdan por este filme.

Summers también apostó por el documental, un género casi testimonial en su época (exceptuando el No&DO) y al que dignificó notablemente con la excelente “Juguetes rotos”, su visión de los ídolos caídos en el olvido. 

Tras un periodo de gran fertilidad en los 60, cuando se dió a conocer, Summers se estancó un poco en películas realizadas al abrigo del éxito de “Adiós cigüeña, adiós”. A principios de la década de los 80 se marchó a Nueva York para rodar “Ángeles gordos”, protagonizada por un chico que pesaba 150 kilos. Continuaba, por tanto, con historias románticas no convencionales. No obstante, la fórmula parecía ya agotada por lo que rompió por completo con su trayectoria anterior y conoció de nuevo las mieles del éxito gracias a su trilogía de “To er mundo é...”. Eran producciones de un menor coste y filmadas con cámara oculta y actores no profesionales o desconocidos, que conectaron con el público del momento. Entre las dos primeras, estrenadas casi simultáneamente y la tercera rodó una parodia de los textos bíblicos. A pesar de la popularidad que Mel Brooks dio a las películas paródicas, “La Biblia en pasta” no cumplió con las expectativas. Tampoco tuvo un buen resultado en taquilla “Me hace falta un bigote”, singular propuesta de metalenguaje cinematográfico con evidentes guiños a su pasado y al cine que lo encumbró. 

Firmemente consciente de que el cine debe de buscar siempre el respaldo del público, en las dos últimas películas que rodó Summers contó con el grupo de moda de la época, “Hombres G”, liderado por su hijo David.

Aunque no volvió a dirigir en cine, su obra continuó en televisión gracias a la serie de TVE, “Cine por un tubo”. Tal como ha señalado el historiador de cine Rafael Utrera, en esta serie se percibía la influencia del cineasta andaluz Eduardo García Maroto, quien ya en los años 30 realizó una serie de cortometrajes paródicos de distintos géneros, que lograron una gran popularidad.
Estrenada un año antes de morir, esta serie supuso un buen broche final a una trayectoria en la que no faltaron los merecidos elogios, las más severas críticas, los incontestables éxitos y los dolorosos fracasos. Manolo Summers no dejaba indiferente a nadie y nadie, ni los más acérrimos detractores, podía negar su talento y su fino instinto para el humor y para contar historias.
 

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Una sección de Miguel Olid

Doctor en Comunicación Audiovisual, en la especialidad de Historia del cine. Es autor de varios libros sobre cine español e iberoamericano, así como habitual colaborador en prensa (ABC, El País y numerosas revistas culturales y de cine), desde 1992. Director y guionista de cortos y documentales, exhibidos en festivales de medio mundo y con premios internacionales en Cracovia y Tokyo. Sus investigaciones sobre el cine español le han llevado a más de treinta instituciones y universidades de una docena de países de América, Europa y Asia. Lleva más de 20 años escribiendo sobre la Historia del Cine en Andalucía y, sobre ello, nos ilustra en su sección 'Una de historia'.
 

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