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Pancho Bautista



Con la desgraciada muerte de Pancho Bautista, un pozo inagotable de anécdotas y por encima de todo, una excelente persona, se muere también una parte de nuestra cinematografía. Y no sólo porque se haya llevado con él unas vivencias y recuerdos de una época que atesoraba y sacaba a relucir en cualquier momento, sino también porque quedan pocos cineastas de su talla personal y humana, dotados de una extraordinaria bonhomía y una singular capacidad para desarrollar proyectos con ilusión, incluso en los momentos más adversos. Era, aunque la expresión esté gastada por su mal uso, un genuino romántico del cine, una “rara avis”.

Nació en Benacazón (Sevilla) en 1945 y se forjó, cinematográficamente, como tantos de su generación, en Madrid. Allí se pudo introducir en el mundo del cine y aprenderlo casi todo de la profesión. Entre otros muchos, conoció a uno de los históricos del cine español, Benito Perojo, con quién estableció vínculos de confianza y amistad.

Tras su periplo por Madrid regresó a Andalucía con el convencimiento de que había que hacer películas en nuestra tierra. Tuvo un papel fundamental en sentar las bases del cine andaluz al participar en la creación de la compañía Galgo Films que produjo en 1975 “Manuela”. Pudo haberla dirigido pero en un acto de generosidad y a la par de visión de futuro, propuso el nombre de Gonzalo García Pelayo, por entonces un reconocido productor musical, que le había confesado tiempo atrás que su mayor sueño era dirigir cine.

Además de estar detrás del éxito comercial y de crítica como guionista y productor de “Manuela” (y de ser el descubridor cinematográfico de García Pelayo, felizmente reivindicado de un tiempo hacia acá), también auspició otras películas similares como “La espuela” y “María la santa”, asimismo basadas en obras de escritores andaluces contemporáneos.

En 1980 dio un notable giro a su carrera al decidirse finalmente a dar el salto a la dirección y hacerlo con una comedia popular, con un reparto de humoristas y alejada completamente de las adaptaciones literarias precedentes. Con “Se acabó el petróleo” logró tal éxito comercial que tuvieron que pasar casi 30 años para que otra película andaluza, “Solas”, superara el número de espectadores. En “Los alegres bribones”, con una fórmula similar, incorporó a Antoñita Colomé al reparto, lo que supuso su regreso al cine tras décadas de alejamiento.

Apasionado de los toros, dirigió también un documental, “La saga de los Vázquez”, con la que se cerró su etapa como director de largometrajes. En 1985 trató de retomar el éxito de “Se acabó el petróleo” con “Un parado en movimiento”, también protagonizada por Paco Gandía, pero esta vez dirigida por Francisco Rodríguez Paula.

A principios de los 90 se embarcó en un ambicioso proyecto de serie documental sobre el cine español con entrevistas a algunas de las primeras figuras de nuestra cinematografía, como Alfredo Landa, pero lamentablemente no tuvo eco. También formó parte del equipo fundacional de la televisión local Tele Sevilla, en la que dirigió algunos programas.

Retomó el contacto con el cine gracias a dos películas en las que se entregó en cuerpo y alma: “Yerma”, de Pilar Távora, y “Amar y morir en Sevilla”, una nueva versión del Don Juan Tenorio, de Víctor Barrera. De nuevo, el cine y la literatura aparecían relacionados con Bautista.
 Mientras, seguía escribiendo y desarrollando proyectos, con la ilusión del primer día y preocupado siempre por hacer películas que conectaran con el gran público; así, por ejemplo, se llegó a anunciar una película a propósito de la popular “Macarena” y Los del Río. También tuvo en cartera otro proyecto que habría supuesto el regreso de Rocío Jurado al cine.
 
Afortunadamente no tuvo que esperar a fallecer para ver cómo era reconocido su trabajo. En 2012, la Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía, ASECAN, le entregó un premio honorífico por su extensa trayectoria.

También el año pasado, a raíz del homenaje a Antoñita Colomé por su centenario, en el que participó, recuperó parte de la extensa entrevista que le grabó hace años y presentó en el Festival de cine europeo de Sevilla el documental “Quiero ser artista”, que ha acabado siendo su testamento cinematográfico y en el que está condensados su amor por el cine y su sentido del humor.

Aunque este mismo Festival no le dio a Pancho Bautista el lugar que se merecía sobradamente en el homenaje a Gonzalo García Pelayo de la pasada edición, sí lo hizo este cineasta, que reconoció el papel clave que tuvo en sus inicios como director.

Trabajador infatigable, llevaba meses embarcado en el ilusionante proyecto de recuperar parte del material que grabó a Antoñita Colomé y otros actores para hacer una serie de documentales, que ahora, desgraciadamente se han quedado huérfanos, como huérfano se ha quedado también el cine andaluz con tan lamentable pérdida. Descanse en paz.
 

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Una sección de Miguel Olid

Doctor en Comunicación Audiovisual, en la especialidad de Historia del cine. Es autor de varios libros sobre cine español e iberoamericano, así como habitual colaborador en prensa (ABC, El País y numerosas revistas culturales y de cine), desde 1992. Director y guionista de cortos y documentales, exhibidos en festivales de medio mundo y con premios internacionales en Cracovia y Tokyo. Sus investigaciones sobre el cine español le han llevado a más de treinta instituciones y universidades de una docena de países de América, Europa y Asia. Lleva más de 20 años escribiendo sobre la Historia del Cine en Andalucía y, sobre ello, nos ilustra en su sección 'Una de historia'.
 

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