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'Vivir es fácil con los ojos cerrados'

 

Almería, 1966

Tras el claustrofóbico desencanto que resonaba en el cuarto de baño y en los cuerpos desnudos de José Sacristán y María Valverde en ‘Madrid, 1987’, David Trueba ha puesto rumbo al sur (este) en busca de espacios abiertos (los de una bellísima, brutal Almería) y personajes soñadores en ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’. No por casualidad la primera versión del guión que firma el propio Trueba se llamó ‘Almería, 1966’, como si este su quinto largometraje fuera un prólogo esperanzado de aquél: antes del sentimiento de derrota tras la conquista de la libertad, hubo un tiempo donde todo estaba por derruir y reconstruir, parece querer decir el cineasta madrileño con este díptico.

Levemente inspirado en un hecho real (el viaje de un profesor de inglés desde Cartagena a Almería para conocer a John Lennon durante el rodaje de ‘Cómo gané la guerra’), Trueba construye una comedia dramática con mimbres de ‘road movie’ tan irregular como llena de encanto, una de esas películas que logran que los créditos te sorprendan con una sonrisa en los labios capaz de borrar los pecados veniales cometidos.

Ficha técnica

  • Director David Trueba
  • Guión David Trueba
  • Música Charlie Haden y Pat Metheny
  • Fotografía Daniel Vilar
  • Reparto Javier Cámara, Natalia de Molina, Francesc Colomer, Ramón Fontserè, Ariadna Gil, Jorge Sanz.
     

Quizás por necesidades de producción, quizás por premuras de montaje con las miras puestas al estreno en San Sebastián, la odisea del docente y de los dos jóvenes en fuga que recoge en su periplo (el hijo de un ‘gris’ con pelo a lo ‘beatle’ que se niega a cortarse la melena y una niña bien que escapa de una suerte de hogar de acogida) parece cosida a retazos –algunos brillantes— que reclamaban una historia de fondo más sólida.

Javier Cámara, como el maestro que busca a Lennon, crea un personaje genial, un héroe anónimo en la mejor tradición de los cómicos españoles de los sesenta, con la afable cotidianeidad de Jack Lemmon y la ingenuidad quijotesca de Charles Chaplin. La andaluza Natalia de Molina, todo un descubrimiento, brilla como la luz de una Almería desnuda, pobre y veraz. Francesc Colomer es el más desdibujado del triángulo, quizás porque su personaje también lo está.

La habilidad de Trueba con los diálogos, la seductora banda sonora de Charlie Haden y Pat Metheny y la frescura de algún secundario no profesional (ese recepcionista ‘robaplanos’) disimulan los costurones del conjunto, que juega su mejor baza al mostrar el paisaje almeriense como escenario mítico de creación, inspiración y refugio.

Con todo, ‘Vivir es fácil...’ es una de las propuestas más estimulantes del cine español de 2013 y el trabajo más redondo del director, quien reúne lo mejor de sus dos mejores largometrajes hasta la fecha: la nostálgica inocencia de ‘La buena vida’ y la mirada al ayer para establecer un puente hacia el presente de ‘Soldados de Salamina’. Es un filme amable, simpático, bienintencionado, honesto en sus planteamientos, sencillo en la forma y con un final muy redondo. Pero en su buscada pequeñez, en la ligereza de la propuesta, es donde radica también su principal lastre: el sentimiento, que se queda en intuición, de que la historia escondía más de un momento de puro cine, de esos que te agarran el corazón por la solapa y te obligan a ir buscarlo tres filas más abajo con los ojos bien abiertos.
 

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