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Querer Comprender

Ni el tiempo ni la memoria: conversando con Patrick y Stefanos, sus compañeros de retiro en una isla griega, Jesse insiste en que ninguna de estas obsesiones guía la novela que ahora escribe; que esboza durante las semanas, lo desconocemos entonces, que terminarán poco después de la tarde y la noche en las que sucede Antes del anochecer. Jesse lo subraya mientras se demora enumerando personajes —ridículos por grandilocuentes— y circunstancias, y a la vez declarando las intenciones de la película: no el tiempo, tampoco la memoria, sino el amor de nuevo, pero de otra manera.

En Antes del anochecer difieren el punto de partida y la estructura, y por eso se justifica quizá el prólogo excesivo, en su duración y —sobre todo en la escena del almuerzo— en su teatralidad: una mirada al pasado de cada uno —de ahí la importancia del hijo del primer matrimonio de Jesse, frente al peso nulo de las gemelas— y un recorrido por las etapas del amor que transitaron Antes del amanecer y Antes del atardecer. Se sienta a la mesa una relación en sus primeros meses, unos hipotéticos Jesse y Celine reencontrados en Viena, y dos amigos viudos que evocan las luces de sus matrimonios, otro vaticinio para nuestros protagonistas si superan los obstáculos, y una pareja de su edad en la que reflejarse o hallar —según— las diferencias.

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