La revista digital del sector audiovisual andaluz
S?guenos en Facebook
S?guenos en Twitter
 

'3 bodas de más'

Los prejuicios

Las películas luchan —flotan o se hunden— en el terreno del ánimo. Su sensación no la provoca quien la dirige o quien la guioniza o quien actúa o quien etcétera, sino que la película se decanta según eso, sí, pero también según lo otro: el ánimo de quien la mire. Una película que hoy nuestro enfado rechaza mañana, más tranquilos, mejor pensados, nos entusiasmará, igual que una película que alguien en quien confiamos eleva a las alturas, y al revés. Pienso en si “La gran belleza” me ha gustado porque durante meses escuché sobre sus quince primeros minutos y sobre la pureza de la historia en la que ocurre tanto sin que ocurra nada, y en si “Caníbal” me pareció una película sin chicha porque la vi un lunes, tarde, al salir de la oficina, tras un mal día, y lo que esperaba no me lo encontré o me lo encontré distinto.

Esto lo firmaría Perogrullo, pero lo recuerdo porque con la sala de cine repleta —primera fila incluida— un sábado por la tarde, varios sonidos acompañaban los diálogos de “3 bodas de más”: el de las palomitas y los refrescos, el de las risas, algún aplauso ante las bromas, algún móvil, los bufidos de una pareja que se marchaba a los veintipicos minutos. Altas expectativas, jornada regulera, confusión ante el cartel o el tráiler o el cuerpo con el que pensaban recibir “3 bodas de más”, y buf buf buf.

 Ficha técnica

  • Director Javier Ruiz Caldera
  • Guión Pablo Alén, Breixo Corral
  • Música Javier Rodero
  • FotografíaArnau Valls Colomer
  • Reparto Inma Cuesta, Martiño Rivas, Quim Gutiérrez, Rossy de Palma, Paco León, Laura Sánchez, Berto Romero, María Botto

Si uno se acerca a “3 bodas de más” con el ánimo con el que se vería una alta comedia de Georges Cukor, la película derrapa, como tampoco un relato de Cheever —excelente— resiste la comparación con un relato de su maestro Chéjov. Pero si se adentra sin prejuicios —porque su director no ha apuntado a otras intenciones; no ha querido vendernos una película que “3 bodas de más” no es—, la película funciona, y de qué manera. Logra su objetivo: el humor. Lo consigue con gags salvajes, heredados de la nueva comedia de Apatow y compañía —los que protagoniza Bárbara Santa Cruz, no tanto el que comparte con Quim Gutiérrez como el que desencadena Inma Cuesta, o el del bebé—, y no afina tanto como “Supersalidos” —en serio— en cuanto a su pátina de canción triste sobre el tránsito entre edades, pero carece de la moralina que huele regular en “La boda de mi mejor amiga”.

Porque en “3 bodas de más” nadie se salva. A Ruth, la protagonista, le ocurre que no sabe valerse ni valorarse por sí misma: con cada nueva relación cae más bajo, y que le cuesta resistir los periodos de soledad si no es por un trabajo en el que tampoco encuentra su sitio. Todos los personajes tropiezan y se arrastran —la madre, la jefa, el amante eventual—, y los malos apenan y los buenos apenan. Está bien Martiño Rivas y sale Quim Gutiérrez haciendo de Quim Gutiérrez y está muy bien —muy bien— Inma Cuesta.

Y sí, laten trazos de la historia de la comedia española en “3 bodas de más”: el exceso de Almodóvar —con el personaje de Álex a la cabeza, más allá de la evidente presencia de Rossy de Palma— o el aire más a “Amanece que no es poco” que a Berlanga en el episodio del pueblo. Javier Ruiz Caldera no es artista sino artesano, y trabaja sobre un guion de Pablo Alén y Breixo Corral lleno de ritmo que, aunque se desinfla al final —el meollo late en la primera boda, la más extensa; la duración de la tercera es anecdótica, lo justo para resolver la trama y no caer en la monotonía—, sí deja algunas preguntas que trascienden la carcajada: habla sobre la madurez y sobre la independencia, tira su pullita al estado de la investigación en nuestro país —por mucho que la casa de Ruth parezca, a un científico, otra broma: la magia del cine— y, sobre todo, seguro que para enganchar a parte del público, pero agradeciéndoselo igualmente, sobre el papel que corresponde hoy a la mujer. Ellos pierden más el rumbo que ellas; ellas deciden, ordenan, condicionan.

“3 bodas de más” no salvará el cine español. Quizá sí en cuanto a taquilla, quizá sí porque capte a algún espectador que preferiría la última película de humor desmadrado hecha fuera. Pero cuenta una historia, la cuenta bien, la disfrutas muchísimo si no la miras por encima del hombro, no hay trampa ni cartón. Por eso, “3 bodas de más” sí que sirve.

 

Accede a todo el contenido del Área Privada de CineAndCine. Realiza un pago de tan solo 20€ mediante PayPal y tendrás acceso ilimitado durante un año entero.

Publicidad

También nos interesa