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La mujer andaluza en el cine: luchadora y polifacética

A lo largo de la Historia del Cine las andaluzas han tenido que luchar por ganarse un hueco digno en las pantallas que, a día de hoy, aún no se goza con plenitud. El libro 'Alicia en Andalucía' analiza el asunto.

Laura ManzanoLaura Manzano

Al mencionar en una misma frase las palabras “andaluza”, “mujer” y “cine”, lo más probable es que acuda a la mente la imagen de esas divas folklóricas de los años cincuenta, haciendo bailar sus volantes y entonando una copla. Es innegable que esta figura cumple un papel protagonista en la tradición cinematográfica de España, pero también hay que reconocer que la mujer andaluza ha desempeñado (y desempeña) otros roles, quizá menos evidentes.

Con el objetivo de recapacitar sobre el papel femenino andaluz en el cine, Virginia Guarinos, docente en la Facultad de Comunicación sevillana, emprendió junto con algunos compañeros un proyecto llamado 'Alicia en Andalucía'.

“Nuestro pequeño star system”, comentaba Guarinos, refiriéndose a la folclórica andaluza. El franquismo fue el contexto en el que estas estrellas flamencas se desarrollaron con más intensidad, extendiendo su encanto por el país y convirtiéndose en un escaparate que mostraba una España alegre y pintoresca. De hecho, la profesora insistía en que la predilección por nuestro folclore “no fue una cuestión de cine”, pues había otros muchos modelos en los que fijarse, sino que “fue una estrategia franquista” para mejorar la imagen que Europa poseía sobre el país.

Lola Flores, Rocío Jurado o Marisol fueron algunas de esas primeras mujeres andaluzas en adquirir protagonismo en la pantalla. En principio podría considerarse una relevancia positiva, pero Guarinos aclaraba que “eran mujeres muy tópicas que realmente no eran protagonistas […], no eran sujetos de las acciones”. Se refería a la dependencia que sentían las folclóricas de sus hombres, lo que las hacía sufridoras continuas del mal de amores. A pesar del carácter que solían exteriorizar, seguían siendo “mujer florero”.

“El [ejemplo] más prototípico de mujer rebelde es el de Carmen”, continuaba Virginia Guarinos, “¿y cómo termina? Muerta, castigada”. Así resumía esta profesora el duro destino que le deparó a Carmen, personaje popularizado por la ópera de Bizet que ya cuenta con más de cincuenta adaptaciones cinematográficas. Sin duda, se trata de una historia ficticia, “pero real”, pues es una referencia directa a las cigarreras andaluzas. Estas mujeres, al igual que Carmen, luchaban por su libertad y pretendían demostrar su independencia de los hombres con actitudes tan transgresoras para la época como criar a un hijo solas. Así nació la vampiresa o femme fatale andaluza, esa mujer que enloquecía a los hombres, que incluso era despiadada con ellos, motivos por lo que siempre sufría un final trágico; y que tan lejos estaba de la vamp hollywoodiense que, en vez de ser una mujer pobre y trabajadora, se rodeaba de riqueza y glamour. 

Tal y como aseguraba Virginia Guarinos, el punto de inflexión definitivo lo marcó 'Thelma y Louise' (1991, Ridley Scott). “Es un antes y un después […], el rol de la propia mujer” respondió a una “nueva mujer que se rebela contra el modelo patriarcal”. Aunque las mujeres ya habían establecido pequeñas conquistas dentro de la pantalla, no fue hasta la década de los noventa cuando empezaron a reivindicar con fuerza su papel creativo detrás de las cámaras. Fue entonces cuando las escuelas de cine y las facultades de Comunicación dieron a luz a nombres tan reconocidos como Pilar Távora o Chus Gutiérrez, cuya labor ha sido “fundamental” para las generaciones venideras. Esta lucha ya existía en los años 70, con el inconveniente de que las mujeres directoras y guionistas sólo contaban con visibilidad en el cine independiente.

Hay teóricas que insisten en que las mujeres dejan “un sello especial a la hora de dirigir”, pero Guarinos consideraba que “no tiene por qué notarse […]. Esto es un oficio […], si eres un buen profesional no tienes por qué dejar ninguna marca”. Sobre el trasfondo feminista en las películas dirigidas por mujeres, se lamentaba al decir que “en el cine comercial me temo que ninguno, en el independiente sí”.

No obstante, no han sido sólo las mujeres las que han peleado por mejorar su imagen en el cine: lo hizo Ridley Scott con ''Thelma y Louise y, en España, fue Pedro Almodóvar quien eclipsó a los espectadores con una mujer totalmente revolucionaria. Ha ido hilando su marca personal presentando mujeres fuertes con “el formato de la comedia” y la caricatura; y retratándolas en situaciones cotidianas nunca consideradas con anterioridad. “En su momento, las mujeres de Almodóvar revolucionaron mucho el panorama español”, intervenía Guarinos, pero también añadía que “no ha sabido hacer evolucionar a sus mujeres”, quienes han quedado ancladas en un estilo ya típico del director.

Sobre el futuro de la mujer andaluza en el cine, la profesora se mostraba algo desesperanzada, pues consideraba que “ha habido muy poca evolución”, al menos en lo que a mujeres creativas respecta. Lo atribuía a las dificultades de “vender un producto” incompatible con la satisfacción de una audiencia poco crítica. Desde su despacho, esta mujer que se define como feminista y apasionada por el cine, aplaude el trabajo de las directoras, guionistas y actrices maravillosas con las que cuenta Andalucía; reconociendo que el mayor reto “está en los espectadores”.
 

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