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El silbido tenía un precio

El andaluz Kurt Savoy ha silbado las bandas sonoras clásicos como 'El bueno, el feo y el malo' o 'La muerte tenía un precio'

M Amelia BrenesM Amelia Brenes| Granada

No es el único, pero sí de los mejores silbadores del mundo. Kurt Savoy ha plasmado su talento en las bandas sonoras de películas clásicas como 'El bueno, el feo y el malo' o 'La muerte tenía un precio', haciéndose un hueco en el mundo como 'rey del silbido'. Muchos, sin embargo, lo conocen simplemente como Curro, el más tradicional de los nombres que puede tener un andaluz como él.

Francisco Rodríguez nació en 1948 en la localidad jiennense de Andújar. Su padre era uno de los muchos hombres que por aquel entonces trabajaban en las minas hoy abandonadas de Linares; su madre era de Córdoba, donde se mudaron siendo él muy pequeño. Allí pasó su niñez temprana, hasta que la necesidad obligó a sus padres a mudarse a la capital; él fue después, cuando tenía ocho años.

"Yo creía que iba a Nueva York", comenta a CineAndCine Curro desde su residencia en Francia, evocando entre risas y nostalgia una época que no fue fácil para el hijo de un padre enfermo de cáncer y una madre que "se multiplicaba" para tratar de sacar adelante una familia con cuatro chiquillos. "Fui muy poco al colegio. Veía a mi madre vendiendo pipas y caramelos, con un canasto muy bonito, y yo quería contribuir", cuenta Savoy, que pronto consiguió una cesta acorde con su tamaño y se puso a vender en la puerta del Banco de España.

"Me colaba en todos los lados porque no teníamos dinero", dice el silbador, cuya primera oportunidad llegó sin duda más por su necesidad que por otra cosa. El reclamo: 20 duros y bote de Colacao, el premio que ofrecía la emisora de radio a la que acudió a concursar con unos 13 años y una guitarra que le prestó su primo. Se lo llevó a casa. "Parecía que venía un presidente. Mi madre había llamado a toda la vecindad", apunta Kurt, que a partir de entonces empezó a creerse que tenía talento.

Con esa seguridad se presentaba a concursos, festivales, cantaba en verbenas de barrio… "Iba a todos los sitios y actuaba gratis. Me hice muy popular". En 1962 consiguió su primer contrato; con el carné del Sindicato del Espectáculo en el bolsillo, se fue a Bilbao para tocar rock and roll en la sala de fiesta Arizona. "Mi madre me compró, no sé cómo, en la plaza de Callao un baúl muy grande con varios cajones, y allí puso el esmoquin para actuar, las pajaritas, varias mudas y seis camisas".

Su madre, también, le dijo que no sintiera vergüenza por lavar las camisas, y le enseñó cómo hacerlo. "Yo no hice caso. Se me ensuciaban y me compraba otras". Una vez, le dio por hacerse con una negra. "Me la puse un día y me sentía ligero, porque no me la puse la pajarita. Además, al día siguiente comprobé que la camisa seguía limpia. Descubrí que el negro tapaba la suciedad. Más tarde, compré pantalones más en consonancia con la camisa y en invierno me ponía un jersey negro".

El hombre de negro

Con el que sería su uniforme para siempre fue como llegó Kurt Savoy al cine. En realidad, no tiene claro el proceso; fue cosa de su manager, un señor con puro que había aparecido tras un concierto que ofreció en una universidad. "Me explotaba bien", asegura el silbador, aún sorprendido cuando habla del día que descubrió que él se quedaba con solo 700 o 750 pesetas de las 18.000 que podían llegar a pagarle por una actuación. "Me dijo que gastaba el dinero en publicidad, etcétera".

Pese a todo, a aquel primer representante le debe sus primeras grabaciones cinematográficas, esas que lo vinculan al genio Ennio Morricone para siempre. "Yo no me enteré", dice el andaluz, que por aquel entonces era tan joven e inexperto que ni siquiera sabe qué bandas sonoras grabó exactamente. "Tengo que averiguarlo, pero no me da tiempo", afirma el músico, que ha seguido vinculado al séptimo arte, además de colaborar en publicidad (suyo es el silbido de un conocido anuncio de Channel con Vanesa Paradis como protagonista) y tocar en mil sitios.

"Desde pequeño, me he ido haciendo más músico", confiesa Curro, agradecido al cine por la popularidad que le ha dado. Siente no haber compartido con Morricone más que unos minutos en Bilbao, donde viajó desde Francia para conocerlo. "Después del tute, me hubiera gustado otra atención, pero supongo que no fue cosa suya", lamenta, agradecido por el trato que le brindó, por el contrario, la esposa del director Sergio Leone durante un festival en el que coincidieron.

Ahora, anda en conversaciones con un cineasta francés con el que ya ha trabajado, y que esta vez quiere ofrecerle un papel en su próximo largometraje. "Estoy muy ilusionado", reconoce Savoy, enfrascado también en los preparativos de una gira española que empezará el próximo 14 de mayo en Murcia y que espera lo lleve a Jaén, la tierra donde nació y a la que le canta emocionado: "Me arrastra la añoranza a ti", entona al otro lado del teléfono, parando de repente. "Muchas veces no puedo terminar de cantarla…".
 

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