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“Estamos intentando que la entidad rompa con ciertas perversiones y hábitos del pasado”

CineAndCine entrevista al jienense José Luis Acosta, presidente de la SGAE desde hace poco más de medio año

Bruno PadillaBruno Padilla

José Luis Acosta (Úbeda, 1961) es guionista y director de cine y televisión, pero no es ese el motivo de que su llegada a Sevilla haya atraído la presencia de tantos medios de comunicación. La vida le cambió desde que en julio del pasado año fuera nombrado presidente de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), a la que pertenece como socio desde 1994. 

 

Su intención es que ese cambio se extienda a la propia entidad, a cuya junta directiva llegó tras el escándalo de Teddy Bautista y la también polémica salida de Antón Reixa, que apenas duró un año en el cargo. Por su parte, Acosta quiere renovar la dañada imagen de la SGAE y lanzar un mensaje de transparencia, al mismo tiempo que alarma sobre el clima amenazante que viven los derechos de autor y defiende su peso en términos económicos.

Tras la destitución de Reixa en medio de un tenso debate, en la SGAE se hablaba de “ingobernabilidad absoluta” y “luchas de poder”. ¿Ser nombrado presidente suponía un reto o un marrón?

Hombre, las dos cosas. Un reto porque yo me propuse de forma voluntaria para el cargo y porque había bastantes cosas que mejorar. Creo que algunas ya se están haciendo, aunque quedan muchas pendientes. Pero parte de mi decisión fue producto de ese momento en que te sientas frente al televisor, ves las noticias y dices “esto no funciona”; y de repente, en tu pequeño perímetro de actuación, ves una posibilidad de hacer algo al respecto o de intentar mejorarlo al menos. En este colectivo de socios y compañeros, la SGAE no deja de ser eso, que me hayan elegido es un honor y también una enorme responsabilidad.

Citando las palabras de Reixa sobre los dos grupos que habían confluido para posicionarse en su contra, ¿se considera más un “nostálgico del pasado” o un “ambicioso del futuro”?

El pasado sirve para aprender, y el futuro está bien para aplicar lo que has aprendido. ¿Si soy ambicioso? Pues claro, en un puesto de estos hay que ser siempre optimista y ambicioso, porque tengo el absoluto convencimiento de que la SGAE puede hacer muchas más cosas por los socios, los autores, la gestión colectiva, la concienciación, la modernización de la casa y el estar ahí, ingresar más, tener presencia en la Red, optimizar lo que tenemos y buscar una Sociedad de Autores del siglo XXI. Creo que hay muchos frentes apasionantes, y más en este ámbito legislativo hostil que nos rodea, no ya sólo en España sino de forma global. Hay una amenaza tal, en el propio mercado y en internet, así como una voracidad de que los creadores tengan cada vez menos derechos y reciban menos por ese trabajo, que debemos meternos de lleno y luchar contra ello.

¿Cuál cree que es la imagen de la SGAE en la sociedad y qué le gustaría lograr al respecto?

Estamos intentando que la casa rompa con ciertas perversiones y hábitos del pasado. La SGAE debe estar más cercana no sólo a sus socios sino a la sociedad en su conjunto. Creo que debemos ser mucho más cooperantes con el entorno civil porque somos una entidad sin ánimo de lucro, que reinvierte mucho de lo que ingresa y lo que ingresa, lo reparte. Nosotros no nos quedamos nada, se le devuelve a la sociedad en becas, formación, ayuda al tejido industrial para acabar con la precariedad de los autores… Ese es el trabajo que hay que hacer, y el cambio en el que debemos insistir.

Yo creo que hasta gente importante del partido que gobierna ya está clamando que el IVA cultural es una salvajada, una torpeza recaudatoria porque se ha demostrado que las arcas del Estado ingresan menos que antes.

Como “amenazas externas”, al comienzo de su mandato citaba tres: la crisis económica era la primera; la segunda, el IVA cultural. Frente a este último aspecto, ¿cuál es la posición de la SGAE?

Yo creo que hasta gente importante del partido que gobierna ya está clamando que el IVA cultural es una salvajada, una torpeza recaudatoria porque se ha demostrado que las arcas del Estado ingresan menos que antes. Se está haciendo un daño terrible a la industria cultural, así que resulta difícil entender por qué se mantiene un anacronismo tan tremendo, que está destrozando el empleo en uno de los sectores más deteriorados por la crisis. No hay ninguna razón para seguir imponiendo el 21%, ninguna.

La tercera amenaza que mencionó al acceder al cargo era la ley de propiedad intelectual. Siete meses después, ¿se ha avanzado algo al respecto?

A día de hoy hemos conseguido mejorar la ley, y lo digo así porque creo que la SGAE ha tenido mucho que ver. Pero aún nos queda mucho por trabajar, porque hablamos de una ley que pretende liberalizar un mercado falsamente, imponiéndonos las condiciones y las tarifas a las que nos hemos de someter. En mi opinión, se han metido a legislar un mercado que no conocen. En el resto de Europa, las entidades de gestión funcionan perfectamente desde hace muchos años. En un país como Inglaterra, nada sospechoso de contradecir los principios del liberalismo, a finales de los 90 intentaron también regularizar la gestión colectiva, ¿y qué ha sucedido finalmente? Pues que hay una especie de, no sé si es el término correcto… pero sí lo es y se emplea en Europa, un monopolio natural. La manera más fácil, eficaz y ahorrativa es que una entidad funcione con sus usuarios. Porque al final nuestro trabajo se reduce a esto: hay unos señores que hacen uso de la creación de otros, nosotros identificamos a quién pertenece esa obra y recaudamos de la forma más optimizada. No es un impuesto, es un derecho reconocido internacionalmente. Si usted no quiere poner música, no la ponga y no le cobramos, pero si hace uso de esa creación, pague.

Parece obvio que la imagen de la entidad que preside se asocia demasiado a lo recaudatorio, y poco a su labor social. ¿Nos puede hablar del área social-asistencial de la Fundación SGAE?

Hemos tenido que aumentar sustancialmente la parte asistencial, porque como es evidente la situación es muy mala, aunque los autores están pasando la crisis con una dignidad admirable. Hay muchos nombres de primer nivel en cine, música o teatro, que han representado a este país en la escena internacional y ahora lo están pasando francamente mal. Eso es durísimo de ver y se te ponen los pelos de punta cada vez que tienes que hablar con alguno de ellos. En ese sentido, la Fundación SGAE está haciendo un trabajo espléndido, no sólo en la parte social sino en el ámbito de la formación y del apoyo a microemprendedores.

Viniendo usted del cine y la televisión, se ha dicho que el audiovisual va a ganar más peso frente a la música en la nueva línea de trabajo de la SGAE.

Yo tengo que ser presidente de todos los autores, ya que somos una Sociedad General, y especial en el conjunto de Europa porque reunimos varias disciplinas artísticas. Pero no quiere decir que porque yo venga del audiovisual, nuestra dirección vaya a ser más esa que otra. Tengo que ser muy pulcro e independiente, trabajando por el bien de todos aunque haya intereses distintos. Es verdad que sí hay una situación de parte del audiovisual que puede ser un poco lesiva para este colectivo, pero más que nada porque la forma de reparto de la entidad es confusa, a veces, y está llena de aritmética. Yo creo que eso hay que aclararlo y ser más transparentes, tener claro cuáles son los ingresos de cada uno.

¿Cree que en el tema de derechos de autor el artista audiovisual se ha visto más perjudicado (por ejemplo, que el músico) porque se trata de una disciplina muy reciente en la Historia? ¿O sería sólo por una cuestión de costes?

Es que se someten a derechos distintos: hay uno exclusivo, que afecta a los músicos, y otro de remuneración, que se ha de ceder al productor para que pueda mover la obra audiovisual. No creo que el audiovisual haya visto particularmente lesionados sus derechos, pero sí queremos ampliarlos: nos gustaría contagiar el derecho de remuneración, que sólo existe en España, Italia y Polonia, al resto de Europa. Ahora mismo Francia, por ejemplo, es muy receptiva a este tema. Cuando hablamos del daño que se ha hecho al audiovisual en los últimos tiempos, hemos de recordar que en YouTube, para que te lleguen 100 euros, necesitas 480.000 descargas aproximadamente, una burrada. Ese sí que es un problema. Ahora en la Red, que se decía iba a ser la panacea de la cultura, se está consumiendo y creando muchísimo; hay mucho talento emergente ahí, pero nunca ha llegado tan poco a los que crean. Está todo en manos de los que distribuyen, ya sean alimentos o contenidos culturales. Eso va a significar que los productos sean cada vez peores, tarde o temprano.

¿Qué opina en torno a la polémica generada sobre el precio de las entradas de cine? ¿Ha podido ser un factor determinante para el alejamiento del público?

En tiempos de crisis, ese siempre va a ser un factor importante. Pero yo, que soy un ávido consumidor de cine en salas, soy consciente de que cada vez hay más ofertas para tratar de fidelizar al cliente. Los exhibidores se están dando cuenta de que hay que buscar fórmulas imaginativas, no sólo de bajada de precios, para que la gente pueda volver al cine. También está el streaming: se sabe que en los próximos diez años ese negocio va a suponer más de 50.000 millones de euros en Europa. Así que hay una capacidad de crecimiento poderosa, pero lo que debemos lograr es… que llegue a todos, hombre. A los creadores, pero también a los productores, porque para que un director haga una película necesita a un productor, y para que este haga una película necesita respaldo y saber que el esfuerzo será rentable. Por eso es necesario regularizar el mercado en la Red.

¿Qué le parece más necesario para concienciar sobre el valor de la creación: la educación y sensibilización o las medidas punitivas?

Tú mira este país hace 25 años y ahora: hay muchísimos hábitos que nadie hubiera pensado que cambiarían. Somos más cívicos en muchos sentidos, pese a ese típico discurso de la genética latina y el de “eso un español no lo va a hacer”. Pues hay que tener esperanza en que se puede hacer. Todavía no lo podemos anunciar de forma oficial, pero ahora estamos diseñando un programa, al que ya se están apuntando diferentes organismos públicos y privados, para que una nueva generación de españoles cambie el hábito de consumo de internet. Una generación que sabemos no está aún pervertida en el uso de la Red y que pueda desarrollar mayor sensibilidad en el entorno del respeto a los creadores. Eso cambiaría totalmente el panorama, y también en el plano económico: un programa educativo de estas dimensiones podría incidir de forma muy significativa en el PIB del país. En Francia se hizo un programa hace años para acercar la industria cinematográfica a las escuelas: se llevaba a los niños al cine; actores y directores iban a los colegios. Era un programa muy ambicioso, tanto que el cine francés vive todavía de eso. De las diez películas más taquilleras allí, seis o siete suelen ser francesas. Es el fruto de una labor pedagógica de muchos años.

Hay quien puede decir que no es tanto como parece, pero el cine andaluz es una realidad que está ahí, pese al contexto que vivimos

Centrándonos en la industria audiovisual andaluza, nos hallamos con dos opiniones bastante extendidas: quienes ven un momento de precariedad y quienes ponen el foco en una riqueza y libertad creativa inéditas. ¿Cuál le parece más certera?

El cine andaluz en los últimos años ha dado actores, guionistas, directores… en cuanto a productores, todavía queda mucho trabajo por hacer. Crear industria en el cine es complicado y lleva bastantes años evaluar si puede mantenerse por sí misma, que es lo que caracteriza a una verdadera industria. Hay mucha temática propia, local, pero no porque no se haya extendido o entendido en otros sitios; de hecho, ese es el mejor activo de nuestro cine. Y encima sale gente nueva, hay nervio y vitalidad en la pantalla y en la manera de narrar. Hay quien puede decir que no es tanto como parece, pero el cine andaluz es una realidad que está ahí, pese al contexto que vivimos. Que aun con todo ello haya una revista dedicada al audiovisual andaluz como CineAndCine, con todos esos contenidos, es muy significativo: eso es que hay mucho que contar y mucha gente con la cual contar.

¿Cómo le gustaría ser recordado tras su paso por la presidencia de la SGAE?

Difícil pregunta… yo creo que me conformo con no ser mal recordado.
 

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