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Antonio Dechent: “No quiero que me quiten los cines”

Laura RuizLaura Ruiz

Antonio Dechent es uno de los rostros más conocidos del cine español. En su haber cuenta con más de 40 películas como 'Alatriste' o 'Los Borgia' y ha trabajado con los mejores directores como Agustín Díaz Yanes, José Luis Garci, Vicente Aranda o Mario Camus. También lo hemos podido ver en numerosas series de televisión y, como no, en mucho, mucho teatro, su pasión.

Dechent siempre es actualidad por algún motivo, pero ahora lo es, si cabe, aún más, tras obtener la Biznaga de Plata al Mejor Actor por su interpretación en la cita de Xavi Pueba, ‘A puerta Fría’, en el Festival de Cine Español de Málaga. 

Llegó a la cita el personaje, a un bar de su barrio, Triana. Bajo un sombrero de rafia y con su inconfundible voz de tipo duro, regañándome porque no le había recordado nuestra cita en la misma mañana. Apurada, inicié la conversación y en menos de un minuto encontré a la persona, detrás de sus ojos azules y de una solvente conversación.

¿Cómo se decide a ser actor? ¿Siempre lo tuvo claro?

Bueno, desde pequeño tenía cierta facilidad para entretener a mi público que, en aquel entonces, eran mis hermanas y mis compañeros de clase. Después, en el colegio, empecé a tomármelo más en serio, si puede decirse así, y trabajé mucho en el teatro, tanto interpretando obras como dirigiéndolas, pero nunca me planteé que aquello fuera a tener nada que ver con mi vida profesional.

Y cuando me di cuenta de que mi proyecto de carrera, que era Psicología, no me llenaba, que no era lo que tenía que hacer en la vida, me metí en el Instituto de Teatro, y al segundo día ya supe que aquello era lo mío. Resultó que lo que a mí me gustaba tanto, se enseñaba, se podía aprender y además, descubrí que yo no era el único loco en el mundo apasionado por el teatro, había mucha más gente a la que le gustaba la interpretación. Después ya no hubo nada que me apartara de aquel camino.

Aguanté en Madrid 4 ó 5 años, pero cuando vi que al hacer más cine que teatro, no hacía falta estar en ningún sitio y que ya era más o menos conocido, ya no me hacía falta estar en la capital, la gente ya sabía quién era y cómo trabajaba

¿Para el éxito de su carrera nunca sintió la necesidad de trasladarse a Madrid?

Bueno, lo del éxito es relativo como decía Einstein… Pero sí, de hecho, yo al principio tuve que irme a Madrid. En cuanto terminé el Instituto, me fui a la capital y lo primero que pude hacer allí fue protagonista en el Teatro Español. Además, estaba rodando aquí ‘Las dos orillas’ con Juan Sebastián Bollaín’, y, a la vez, en Madrid también estaba rodando ‘El Lute’ con Vicente Aranda. Digamos que fue un principio bastante exitoso.

Aguanté en Madrid 4 ó 5 años, pero cuando vi que al hacer más cine que teatro, no hacía falta estar en ningún sitio y que ya era más o menos conocido, ya no me hacía falta estar en la capital, la gente ya sabía quién era y cómo trabajaba. Por otro lado, yo no soy nada chauvinista, no creo que Sevilla tenga un color especial para nada, no creo que sea la ciudad más bonita del mundo para nada. Pero resulta que nací aquí, y si hubiera nacido en San Sebastián, París, Florencia, Cuenca o en donde fuera, también consideraría que cada una era la ciudad más bonita del mundo. Pero es verdad que Sevilla es la ciudad en la que conozco todas las esquinas y todos los códigos y la echaba de menos.

Madrid se convirtió en una ciudad para mí sólo de trabajo, allí conocía a gente que sólo me hablaba del trabajo y de la profesión, y aquí, sin embargo, podía hablar con cualquiera de cualquier cosa. Volverme fue osado por mi parte, sobre todo al principio, cuando aún seguía mintiendo y le decía a todo el mundo que vivía en Madrid. Me acuerdo que María Galiana y yo nos hartábamos de Sevibus por las noches; ahora no, ahora puedes decir que vives en Sevilla tranquilamente y te pagan el hotel y el viaje, pero en aquella época no podías poner ningún impedimento o problema económico a la productora, no fuera a ser que contrataran a otro.


Ha hecho teatro, muchísimo cine y también televisión, ¿qué prefiere?


Depende para lo que sea. Si es para llenar las arcas, mantener a la familia y pegarse unas vacaciones, la televisión es fabulosa. Para el conocimiento del público también, pero no sé hasta qué punto uno quiere ese reconocimiento, depende de cada persona.

El cine es un trabajo que te obliga a decir la verdad, y eso a mí no me gusta demasiado, porque yo me metí en esto para mentir. Pero, al mismo tiempo, es un trabajo apasionante y muy duro.

Sin embargo, a mí lo que me gusta es el teatro. Hay una fotografía que tengo en casa de Charlot sin el chaqué, sólo con el chaleco interior en mitad de un camino que no lleva a ningún lado, en medio de trigales, y, a su lado, hay un niño desnudo y una niña vestida con un saco de patatas y los dos están asombrados mirándole como les hacía tonterías, eso creo que es la carrera del teatro.


Dos veces ha conseguido la Biznaga de Plata al Mejor Actor en el Festival de Málaga, uno por Smoking Room en 2002 y el más reciente, este año, por A Puerta Fría. Y, por supuesto, en una trayectoria tan prolífica, el palmarés es considerable. ¿Le gustan los Premios? ¿Cómo los recibe?


Pues los recibo como un suspiro, porque que te den un galardón significa que han visto tu trabajo. Este es un trabajo muy solitario, aunque estemos siempre rodeados de gente. Que los profesionales del sector se den cuenta del esfuerzo y la dedicación que hay detrás de tu participación en una obra, lo valoren y lo reconozcan, eso se agradece muchísimo.


Por otro lado, a los trofeos en sí yo los tengo colocados en un patio, entre macetas y piedras, e incluso los riego. Así unos se deterioran antes que otros y te das cuentas de los que están hechos con productos nobles y los que no… (risas). Bueno, en serio, que quiero decir que el trofeo en sí no significa demasiado, pero cuando te reconocen un trabajo es una maravilla, y cuando llegan premios a la trayectoria, eso ya es gloria, lo cual no impide que el trofeo vaya también al patio junto a los demás.


¿A qué personaje de todos los que ha interpretado le une mayor afecto?


Ahora con el tiempo, me dan personajes de mi edad y eso no me gusta demasiado. Son personajes a los que ya le han ocurrido muchas cosas, tienen medio corazón negro y medio corazón podrido y eso me desazona, yo prefiero los personajes más ingenuos, más nobles. Me acuerdo de un desgraciadito que interpreté en 'El crimen de las estanqueras de Sevilla' que moría a garrote vil, pero moría llorando, gimoteando y rezando la salve. A ese personaje le tuve mucho cariño durante mucho tiempo.

Después en teatro, todos los personajes que he interpretado de Valle Inclán son personajes que los guardo para siempre. Para mí Don Ramón es el maestro de las letras y sus personajes de 'Los Esperpentos' y de todo lo que he hecho de él no sólo son personajes redondos y enteros, sino que si los vuelvo a leer, seguro que me sugerirían cosas diferentes. Si fuera inglés, me ocurría igual con los personajes de Shakespeare.


¿Le ha preocupado alguna vez el hecho de ser más actor de reparto que protagonista?


No, hay veces que viene mucho mejor, trabajas menos, tienes más vacaciones y menos responsabilidad. Es algo que no me preocupa, depende de para lo que uno esté aquí, esto es una profesión de miles de personas con objetivos diferentes. Y mi objetivo es vivir muy tranquilo, con mi familia y tener un trabajo que si, además, disfruto haciéndolo, que es el caso, mucho mejor.

En teatro, siempre he hecho protagonistas, porque en este medio sí dispones de tiempo suficiente para desarrollar el trabajo y poder llegar a un acuerdo con los directores. En el cine muchas veces es mejor ser el antagonista, porque son personajes mucho más ricos. El protagonista sólo tiene que enamorarse y sonreír, pero el antagonista tiene más aristas, más problemas interiores, te dan mucho más juego para poder trabajarlos.


¿Su fama de tipo duro la ha forjado usted o sus personajes?


Mis personajes, sin duda, porque cualquiera que me conozca sabe que soy una persona sensible y tranquila, un hombrecillo gris, pero como soy alto y tengo esta voz, y me han dado tantos personajes que humillan, pisotean y machacan al contrario, pues la gente se cree que yo soy así. Por otro lado, a mí me encanta proyectar esa imagen, como nunca he dado miedo en mi vida, pues tiene su encanto que algunos crean que soy así.


Hablemos de su última película, A puerta fría ¿qué veremos los espectadores en la cinta de Xavi Puebla?


Pues veréis la decrepitud moral, profesional y personal de un vendedor que está buscando su última oportunidad. Es una especie de western crepuscular como cuando en las películas del oeste aparecen los primeros barcos a vapor. Es alguien de otro tiempo, que se ha quedado obsoleto en su forma de venta y la gente joven lo está dejando aparcado. Es un alegato contra el capitalismo evidentemente, contra la esclavitud del trabajo que vivimos todos. El público va a ver un espejo, se van a ver a ellos mismos, se van a dar cuenta de que vivimos para trabajar y, la verdad, eso no merece la pena.


¿Se conoce cuándo será el estreno en las salas?


No tiene estreno de momento. Primero interesa que sea vea en Festivales, es una película pequeña y no puede salir con una gran distribución, por ello, todavía se espera el reconocimiento de otros festivales para poder lanzarla como se merece, por lo menos con el marchamo de calidad que le hayan podido conferir otros cuantos certámenes.

 

¿Qué opina del modelo de distribución que ha elegido su compañero Paco León para su peli ‘Carmina o Revienta'? Expectativas y debate ha creado…


No tengo ni idea, yo he leído por ahí que lo va a vender en algo que se llama Filmin, que a su vez va a salir en DVD y lo van a echar en los cines, pero yo no entiendo de nada de eso. ¿Qué pienso de qué Paco León lo haya hecho así? Pues que mi compañero sabe de muchas más cosas que yo.


En su opinión, ¿Internet ha venido a ayudar o a perjudicar a la industria audiovisual?


Yo es que no entiendo de eso, de verdad. Yo veo mucho cine y confieso que descargo películas en el ordenador, pero sólo aquellas a las que no puedo acceder de ninguna otra forma, porque no están en el mercado. Pero yo no quiero que me quiten las salas de cines, hay que continuar con este modo de distribución. Tal y como avanzan las tecnologías, vamos a terminar viendo las películas en los relojes, y claro, para eso de qué sirve un director de fotografía, para qué sirve un director de arte o para qué sirve el trabajo de ambientación de una película si, al final, lo que estás haciendo es prácticamente escuchando a los personajes y viendo los muñequitos moverse para decir que la has visto. La maravilla del cine es verlo en la gran pantalla.


¿Por qué cree que nuestra sociedad tiene prejuicios a la hora de consumir cine español o andaluz?


Pues no sé, últimamente parece que hablar de cine es hablar de política, y no sé cómo hemos llegado a esa confusión. Bueno sí lo sé, está claro que ha habido una órbita mediática que ha dirigido de forma intencionada una corriente de opinión en contra de los que trabajamos en este sector, como si nosotros no tuviéramos derecho a opinar sobre determinados temas y como si por hacerlo nuestra libertad de expresión nos tuviera que pasar factura. También hay gente que, porque sí, sin razón alguna, se niega a ver cine español sin ni siquiera conocerlo, lo cual me parece de tontos. Eso supone, de entrada, una merma intelectual para cualquier persona.


En un intento de hacernos autocrítica, ¿cómo repartiría las responsabilidades? ¿Falta el talento en el sector, faltan las ayudas en la administración, o falta la complicidad del público?


Cada uno lo verá de una forma diferente, es evidente. Para el sector, la responsabilidad es de los que gobiernan porque no dan ayudas suficientes; para ellos, la responsabilidad será del sector por la falta de talento, y para el público, pues no sé, quizás no se haya trabajado lo suficiente la sensibilización de la sociedad en el consumo de nuestro cine. Lo que está claro es que si no hay grandes producciones es porque faltan las ayudas y tal y como se plantean las cosas, la industria cinematográfica se conduce hacia la producción de grandes películas y, por el camino, quedarán otras tantas mucho más modestas, detrás de las cuales hay muchísimo talento.


¿En qué proyecto está embarcado en la actualidad?


Pues en teatro, en septiembre volveré a la Fundición con ‘Queipo, el sueño de un general’ y voy a empezar otra función que se estrenará en Málaga y después vendrá a Sevilla, que se llama ‘Tomar partido’, una obra que se llevó al cine con Harvey Keitel. Y en cine, de aquí a que acabe el año, espero haber hecho 3 películas, pero de ésas no puedo hablar. Hasta que no veamos cuanto menos de lo que antes estuviera previsto vamos a recibir, hasta ese momento nadie quiere adelantar nada.


¿Algo que aún le quede por hacer en la profesión? ¿Pasarse a la Dirección, algún papel deseado, trabajar con un director en concreto?


Mucho más sencillo que eso. Ser feliz y recuperar la ingenuidad de mis primeros trabajos. Pero para eso se tienen que aúnar una serie de cosas: un trabajo con un personaje fabuloso, una tranquilidad económica por otro lado, y un sitio, como por ejemplo, La Toscana, donde te puedas ir con tu familia durante 3 meses a rodar una película sobre Shakespeare. En definitiva, un escenario donde no tengas que estar peleándote con nadie por 2 duros ni tampoco por la falta de tiempo para desarrollar tu trabajo.

No sé, poder trabajar tranquilo y feliz… o que todo eso no me importara, y por eso me refería a recuperar la ingenuidad del principio, que fuera igual de inconsciente que al inicio de mi carrera y no viera nada de lo que pasa a mi alrededor, eso sería fabuloso.
 

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