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“Cuando al público le das verdad, al público le gusta la película”

Repasamos con la actriz Cuca Escribano su trayectoria cinematográfica y sus últimos trabajos de producción andaluza

Bruno PadillaBruno Padilla|Sevilla

Aunque nacida en Madrid, en 1973, Cuca Escribano siempre se ha sentido de Sevilla. No sólo por tratarse de la ciudad en la que creció y donde aún tiene a su familia (“Me escapo allí en cuanto puedo”), sino por haber desarrollado su vocación como actriz en el célebre Instituto del Teatro. De ahí que su carrera comenzara vinculada al Centro Andaluz de Teatro, y a compañías como Los Ulen. La popularidad le llegaría con su participación en series televisivas de éxito como ‘Plaza Alta’ y ‘Arrayán’.

 

En cine, basta con echar un ojo a la nómina de directores con los que ha trabajado para hacerse una idea de su talento: Benito Zambrano, Gerardo Herrero o Manuel Gómez Pereira, son algunos de ellos. Recientemente ha actuado a las órdenes de este último en ‘La ignorancia de la sangre’, una gran producción que ha alternado con sus trabajos en otros filmes andaluces como ‘321 días en Michigan’ y el cortometraje ‘Subterráneo’, ambos recién premiados en el Festival de Cine de Málaga.

¿Qué crees que se puede esperar de una película tan importante en nuestra cinematografía como ‘La ignorancia de la sangre’?

Es una película muy cuidada en cuanto a vestuario, fotografía, casting y, desde luego, por la adaptación de Nicolás Saad. Es un guionista que me encanta, ‘Silencio en la nieve’ me parece una de las mejores adaptaciones de una novela que se puedan hacer. Por eso Nicolás era el guionista perfecto para esta película. ‘La ignorancia de la sangre’ es una novela difícil de adaptar, no solo porque tiene al menos tres tramas importantes que contar, sino porque además pertenece a una serie donde Javier Falcón, el inspector protagonista, ya ha sido presentado en novelas anteriores y conocemos gran parte de su historia. En ese sentido, intuyo que Juan Diego Botto ha hecho también un gran trabajo, incorporando mucha de esa información en su personaje.

¿Cómo ha sido la experiencia de ese rodaje?

Me gusta cómo dirige Manolo (Gómez Pereira), y sobre todo cómo mira a los actores, no lo puedes engañar. Además, todo estaba muy engrasado en el rodaje. Trabajé con la satisfacción y la tranquilidad de estar en una gran producción de las de antes, donde todo funciona como debe funcionar. Te lo digo porque este año he participado en películas alternativas, con más corazón que dinero, que también me alegro de que se hagan, dados los tiempos que corren. Pero por supuesto supone una relajación para el actor cuando sólo te tienes que preocupar de interpretar. 

Me gusta cómo dirige Manolo (Gómez Pereira), y sobre todo cómo mira a los actores, no lo puedes engañar”

El productor Antonio Pérez nos decía que, en el film, Sevilla es un personaje más. ¿Cómo ha sido trabajar en el lugar donde creciste y te formaste?

Yo siempre digo cuando llego a Sevilla que tiene una luz distinta, de hecho no creo casual que sea ciudad de grandes pintores. Algunos cineastas actuales como Alberto Rodríguez la han fotografiado desde un prisma más realista, pero creo que en esta película la ciudad se muestra como un elemento importante dentro de la trama, con su antigüedad y su modernidad. Por ejemplo, el Pabellón de Portugal era el escenario que correspondía a la comisaría de policía. Yo nunca había estado en el edificio, que es una belleza, pero es que además los chicos de arte y el decorador hicieron que pareciera una comisaría neoyorquina, llena de tecnología. En ese sentido, yo siempre he tenido la sensación de que va a ser una película muy potente en lo visual.

Con Paz Vega, protagonista de la película, compartiste formación en el Instituto del Teatro. ¿Qué tienes que agradecerle a aquel centro, hoy desaparecido?

Te puedo decir que tuve una formación muy completa. Luego me he encontrado con actores que han seguido cursos de interpretación pero, más adelante, han tenido que formarse en otras disciplinas. Nuestra suerte es que se intentaba ofrecer una formación integral, teníamos canto, música, danza, acrobacia, voz, dramaturgia y, por supuesto, interpretación, donde se tocaban todos los palos. La prueba de la calidad de esa formación es que somos muchos quienes ahora trabajamos con continuidad, desde Antonio Dechent a Alberto López y Alfonso Sánchez, y no es casualidad que seamos tantos actores andaluces. No es por inspiración divina ni porque tengamos más gracia o no sé qué, sino porque hubo una formación importante y un dinero público bien invertido.

‘321 días en Michigan’ ha recibido recientemente el Premio del Público en el Festival de Málaga, ¿esperabais esa gran acogida por parte de los espectadores?

Yo sí intuía que podía ser una película que conectara con el público, porque es muy honesta. Y ese calificativo suena a tópico, pero es que ‘321 días en Michigan’ no da gato por liebre: presenta una realidad carcelaria nada americana, sino como es, que para eso Enrique García (director) se estuvo documentando sobre el tema. La historia, más que tender al final feliz, se parece a cómo es la vida tantas veces. Por eso creo que tiene mucha verdad y, cuando al público le das verdad, al público le gusta la película.

¿Qué te atrajo de este proyecto tan personal?

Ya cuando vi el corto ‘Tres razones’, del que luego nació la película, me enamoró. Virginia (de Morata) está estupenda, recuerdo pensar: “¿Quién es este autor que dirige tan bien a los actores, contando una historia tan bonita y descarnada a la vez?”. Porque los personajes son perdedores, malotes, pero muy tiernos. Mi papel es pequeño, pero disfruté mucho con el entusiasmo del equipo, sobre todo su director, que además creo va a rodar mucho y muy bien a lo largo de su carrera.

También has protagonizado el cortometraje ‘Subterráneo’, premiado en Málaga y con una gran recepción por parte de la crítica. Cuéntanos cómo llegó el proyecto a tus manos.

Esta sí que es una historia curiosa. Hace un tiempo, me llama Álvaro Begines para que le haga el favor de interpretar a un personaje para el teaser de un proyecto, que iba a presentar en Estados Unidos con su productora. Dije que sí, aunque me pilló en una racha en que todo el mundo me pedía colaboraciones no remuneradas, y por eso les dije en broma: “Vamos a tener que inventar una forma de hacer trueque con estas cosas. Yo qué sé, vosotros que sois guionistas, escribidme un corto con un personaje interesante”. Unos meses después me enviaron el guion de ‘Subterráneo’ y me encantó. Era un cortometraje, pero daba igual, aquello era cine. El caso es que a mí hasta se me había olvidado que fui yo quien les comentó esa posibilidad, y en uno de los primeros días Miguel Ángel Carmona (director) me lo recordó. Me pareció un gesto tan bonito que le di un abrazo. Lo que sí es cierto es que el tamaño o formato de los trabajos no importa, me siento tan satisfecha de este corto como de algunos largometrajes que he hecho. Además, me divirtió hacer cine de género, es algo de lo tengo poca oportunidad y creo que estoy dotada para ello, pero apenas se hace en España.

Sevilla que tiene una luz distinta, de hecho no creo casual que sea ciudad de grandes pintores”

Desde tus inicios en cine, has colaborado con directores andaluces (Pilar Távora, Antonio Hens, Chus Gutiérrez…), pero siempre dices recordar con especial cariño el trabajo con Antonio Banderas en ‘El camino de los ingleses’, ¿por qué?

Básicamente por cómo es Antonio: el cuidado que ponía en cada momento del rodaje y con cada persona, especialmente con los actores jóvenes. Era muy generoso, trabajaba 25 horas diarias y compartía todo lo que iban montando al final de la jornada, por lo que nos sentíamos muy partícipes. En aquel momento me devolvió la ilusión por esta profesión, que a veces es tan dura y tan llena de sinsabores.

¿Cómo han sido tus experiencias trabajando en el cine latinoamericano?

Realmente cada película ha sido distinta y cada país es distinto, porque no ha sido igual haber rodado en Costa Rica que en Cuba, Colombia o Ecuador, que son los cuatro países donde he trabajado. Cada uno tiene su idiosincrasia y su manera de hacer pero, dicho esto, yo cada vez que cruzo el charco soy feliz. Y no me preguntes por qué, pero me pasa. Así que a esas cuatro experiencias les tengo mucho cariño.

¿Cómo valoras tus trabajos con el paso del tiempo, acostumbras a revisionarlos?

Qué va, ¡no tengo ni mis películas! Se las presto a mis amigos y no me las devuelven (risas). Así que no suelo volver a verlas, la verdad.

Centrándonos en el presente, además de tus proyectos en teatro y televisión, ¿es cierto que estás intentando producir una película pequeña de tan solo dos actores?

Ese proyecto ahora mismo está en un cajón porque, en un momento en que están cerrando tantas productoras, si ni siquiera se atreven ni pueden los grandes, imagínate yo. No quiero parecer derrotista, tal vez lo intente más adelante o haga algo incluso más pequeño. Por ejemplo, el año pasado participé en ‘Los tontos y los estúpidos’. Su director, Roberto Castón, no tenía dinero para rodarla, así que decidió hacerla un poco a lo ‘Vania en la calle 42’, como si fuera un ensayo. Y lo rodó todo en un plató, en 15 días y con nuestra colaboración.
 

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