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Pablo Cervantes: "Me gusta perpetuarme a través de la música, aunque suene soberbio"

El compositor sevillano vuelve a poner música a la filmografía de Garci con la banda sonora de 'Holmes & Watson. Madrid Days', estrenada el 7 de septiembre

Laura RuizLaura Ruiz

¿Les suena de algo Pablo Cervantes? Pues si no les suena su nombre, seguro que sí lo hace su música. Lleva más de 24 años dedicándose a componer música para cine y televisión, y solo tiene 35.

Este sevillano quería estudiar Medicina de pequeño, después pensó que aquello era demasiada responsabilidad en sus manos y decidió optar por Veterinaria como su elección académica. No obstante, un día, su padre llevó un piano a casa, como regalo para todos sus hermanos, a ver si alguno se animaba y se iniciaba en el mundo de la música. Entonces, el destino de Pablo terminó de trazarse para siempre.

Empezó a aprender a tocar de forma autodidacta, después se apuntó al Conservatorio y se fue a los 3 años. Confiesa que le aburría, y prefirió continuar el aprendizaje por su cuenta. El hecho de que su padre fuera productor de televisión y dueño de la productora PC 29, le facilitó sus primeros encargos para las primeras sintonías de televisión cuando sólo tenía 11 años. Ya apuntaba maneras de ‘pequeño gran genio’.

Cuando tuvo que incorporarse a la Universidad, se decidió por estudiar Maestro en Educación Musical, pero mucho más allá, no ha parado de estudiar y de formarse para dirigir su carrera a lo que ya era su pasión y su verdadera vocación: componer música para cine y televisión.

En su prolífica trayectoria, y entre muchísimos trabajos de incuestionable calidad para directores como Antonio Cuadri, César Martínez Herrada o Antonio Giménez –Rico (Nominado al Goya a la Mejor Música por su ‘Hotel Danubio’), parece haberse convertido en el ‘compositor oficial’ de José Luis Garci, haciendo la música de casi todas sus películas: ‘You’re the one’, ‘Historia de un beso’, ‘Tiovivo C. 1950’, ‘Ninette’, ‘Luz de domingo’, o la última 'Holmes & Watson. Madrid days', estrenada el pasado viernes 7 de septiembre a modo de regalo a nuestro entrevistado, que cumplía en esa fecha sus 35 años.

Lean, escuchen y disfruten. En CineAndCine hemos construido un nuevo género con Pablo Cervantes: la entrevista musical.

 

¿Ser maestro en Educación Musical no se queda un poco corto para una vocación y una trayectoria como la suya?

Bueno, es que plantearte ser en exclusiva compositor de música para cine y televisión es un poco locura, e impulsar a un hijo a que se dedique sólo a eso entiendo que debe dar miedo, por eso mi padre me sugirió en su día esa alternativa académica, por si no salía bien lo de ser músico de cine. A día de hoy, todavía no sé si saldrá bien, pero bueno, vamos por buen camino.

Reconozco que éste es un oficio muy difícil, no porque no haya personas con talento que hay muchísimas, sino porque no hay formación especializada ni reglada, como ocurre en Berckley, en Estados Unidos, por ejemplo.

Yo he tenido que ser autodidacta en mi Formación. He asistido a cursos que ha organizado la Sociedad General de Autores, donde estaban grandes como Antonio Meliveo o Alberto Iglesias, y después me he empapado de bibliografía…. Hoy día con Internet, tienes todo el material a la mano, desde las disciplinas más técnicas a las más artísticas, información sobre estilos, sobre corrientes estéticas…. Y después escuchar música, ver películas y tener suerte¡

El perfil del compositor bohemio, encerrando mientras escribe, no puede existir en mi profesión, mientras tenga que pagar una hipoteca. Tienes que ser flexible, eficiente y adaptable a lo que te piden en cada encargo.

Y el primer encargo, entonces ¿se lo hace su padre?

Sí, fue una sintonía de televisión, era la sintonía de salida del programa ‘Retratos’, en el año 1991. La siguiente la hice al año y medio, ya ni lo recuerdo bien, y así me fui enganchando al medio televisivo. Hasta que en el 2001, me pasaron el guión de la película de José Luis Garci, ‘You’re the one’, de la que PC 29 era coproductora y me propusieron que compusiera una pieza de piano para enviársela a Garci a ver si le gustaba. Así se hizo, y parece que le gustó…

¿Y a usted qué cara se le quedó?

A mí me hizo muchísima ilusión, cómo no. Me acuerdo que lo llamé y le pedí que si podía ver la película para valorar si había algún otro sitio donde pudiera incorporar música… “Tú no tienes que ver nada, yo la coloco, el tema está estupendo,”, me respondió. Él trabaja de esa forma, y yo encantado igualmente. He tenido la suerte de repetir con él en numerosas ocasiones y eso ha sido fundamental en mi carrera.

Y un año después de trabajar con José Luis Garci en ‘You’re the one’, lo hace para Antonio Giménez-Rico en ‘Hotel Danubio’ y le nominan a los Goya… Un auténtico espaldarazo para su carrera…

Sí, primero vino la nominación con ‘Hotel Danubio’ en 2002, y después, repitiendo con Garci en ‘Ninette’ en 2005. Ambas han sido muy importantes para mí, aunque no sé si después tienen una relación directa con tu desarrollo profesional. Al menos, a mí no me ha pasado, pero indudablemente es una experiencia fantástica y te sientes pletórico cuando sucede. A nosotros nos encanta que nuestra música guste, y quien diga lo contrario miente, no haces música para guardarla en un cajón, sino para que la escuchen los demás y, por supuesto, para que les guste. Y una nominación, aunque en ella siempre intervienen muchos factores, es siempre un momento de reconocimiento a tu trabajo.

El compositor en España sí que es un hombre orquesta, ¿no?

Sí, sí… Yo, por ejemplo, abordo la orquestación en todos sus ámbitos. Ése es otro de los problemas que existe en nuestra industria. Cuando lees los créditos de una película norteamericana, puedes ver en el apartado de música a un productor musical, un supervisor musical, editores musicales, orquestadores…. El equipo que rodea a un compositor en Estados Unidos es infinitamente mayor que aquí, por una cuestión de presupuesto, evidentemente.

Aquí, el compositor hace el 80 o el 90 por ciento del trabajo, porque no hay presupuesto para nada más, al menos, yo no me lo he encontrado. Está claro que en esto hay una parte artística, pero también otra que es puramente una cuestión de industria y que, por supuesto, condiciona a la primera.

¿Qué le inspira a la hora de componer?

Yo necesito una historia, o una emoción que desprenda una historia. Hay un tempo, la imagen, los personajes… todo eso desprende datos invisibles que cuando tú los capturas, los recodificas con el aprendizaje musical que has ido almacenando a lo largo de tu vida y surge algo con lo que empiezas a crear.

Este proceso en origen es bastante inconsciente. Luego sí hay un proceso de oficio, que te ayuda a vestir todo esto y en el que ya empleas todas las herramientas técnicas a tu alcance.

¿La música o la inspiración se agotan?

Por supuesto que no. La música está influida por factores ambientales como el estrés, las prisas, o el humor, pero la música en sí no se agota, es infinita. Y la inspiración se entrena y se ejercita, es mucho menos onírica de lo que la gente se piensa. Como lo tienes que hacer, pues lo haces. A veces se está más acertado y otras menos, pero siempre sale algo de esta combinación infinita de elementos.

¿Te definirías de alguna forma en tu registro musical?

Me defino como un mercenario, aunque sea poco poético decirlo… Lo que trato de trasladar es que doy lo que me piden más allá de mi ego o mi voluntad, aunque eso bien podría calificarse también como generoso, verdad?

En definitiva, yo lo que quiero es poder seguir dedicándome a esta profesión el resto de mi vida, así es que nunca me ha importado la envergadura o el estilo de los proyectos en los que estoy: disfruto trabajando para los grandes pero también para los que empiezan en cualquier tipo de género. Y doy lo que me piden, no se trata de mi voluntad sino de la de los directores.

Y en todos los registros musicales en los que ha trabajado, ¿cuál le gusta más o en cuál se siente más cómodo?

Me cuesta atribuir significado a la música de forma voluntaria. Para todos, la música tiene un significado, pero ése se lo damos cada uno de nosotros, no es de la propia música. Pero bueno, a tu pregunta, depende de cada género: la comedia es siempre más complicada a la hora de componer, y el terror o la acción son géneros más sencillos. Y, en general, me gusta todo, porque me gusta sentir algo con cada cosa que hago. Hay cuestiones que de verdad no se pueden jerarquizar, me gustan muchas cosas y no puedo decirte en qué orden.

Yo lo que quiero es poder seguir dedicándome a esta profesión el resto de mi vida, así es que nunca me ha importado la envergadura de los proyectos en los que trabajo

Se le puede imaginar escuchando en todo momento música clásica… ¿le gusta la música contemporánea, consume música comercial?

Bueno, de adolescente he escuchado lo que nos ha tocado a todos. Y cuando empecé a disfrutar del cine, me inicié igualmente en el disfrute de la música de bandas sonoras, aprendí mucho sobre los grandes compositores como Ennio Morricone, John Williams o Alberto Iglesias. Después descubres que toda esa música es heredera directa de los compositores clásicos, y hoy no puedo pasar sin ella.

La música clásica necesita de una atención especial, tienes que escucharla de forma reiterada hasta empezar a familiarizarte y entender ese nuevo lenguaje. Entonces, empieza el disfrute.

No obstante, yo soy un consumidor de música muy agradecido, me gusta casi todo y no me cierro a casi nada. En todos los estilos y composiciones siempre encuentras algo que te mola.

Los compositores tenéis fama de bohemios…

Yo no, serán otros…. Es más, yo creo que ese compositor bohemio, encerrando mientras escribe, no puede existir en mi profesión, mientras tenga que pagar una hipoteca. Tienes que ser flexible, eficiente y adaptable a lo que te piden en cada encargo.

¿Cuándo ve las películas con la música que usted mismo ha compuesto, se emociona?

Sí, mucho. Pero ocurre que cuando haces música para una película y después la ves, nunca llegas a disfrutar realmente de la película en sí, porque estás pendiente del ámbito que a tu te ocupa. No obstante, me gusta mucho la sensación de haber perpetuado algo, aunque suene soberbio.

Y también me gusta que pase el tiempo y volver a escuchar mis propias sintonías y sentir de nuevo la frescura que pierdes a la hora de haber estado componiéndolas. Porque cuando empiezas a componer, evidentemente, sigues un camino convencido de que ése es el bueno, pero cuando has escuchando decenas de veces la misma pieza, todo se mecaniza. Y escucharla años después supone someterte a ti mismo a un control en el que cual verificas la calidad de tu propio trabajo y te autodescubres como un buen músico.

El pasado viernes, 7 de septiembre, cumplió 35 años. ¿Pidió algún deseo al soplar las velas de la tarta?

Sí, pedí que no se desmoronase el tejido industrial que tenemos, que no se termine de disolver por los problemas económicos actuales. Si esto se cae, hay que volver a reconstruir el escenario y en ésas nos podemos quedar muchos atrás.

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