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La última fiesta de los gitanos de Sevilla

El documental 'Triana Pura y Pura' se proyecta hoy en el SEFF. La cinta rescata el oscuro episodio de la expulsión de su barrio en 1960, y la grabación inédita del espectáculo celebrado en 1983, que inmortaliza su forma de sentir el flamenco.

Lola Rodríguez|Sevilla

'El Titi' trabajaba durante el día descargando barcos en el muelle de Triana. Por las noches se iba al tablao 'La parrilla' del hotel Cristina, a bailar un baile que no se aprende, que no se ensaya, en el que no hay pasos que se enseñen en academias. Su hechura de gitano elegante se movía desde los brazos a los pies sin tener que desabrocharse la chaqueta.

Y sin quererlo, se llevaba de calle a las mujeres, extranjeras o no, que iban a verlo atraídas por la fama que tenía en Sevilla, por guapo y por buen bailaor. Muchos años después 'El Titi' volvería a marcarse unos tangos en las tablas del Lope de Vega. Pero las señales del paso del tiempo no le quitarían ni un gramo de gracia y de temple, porque el arte flamenco no se hace, si antes no se siente. Y el 'duende' no tiene edad. En aquella puesta en escena, allá por 1983, había otros gitanos trianeros reunidos para celebrar una derrota. Pero no la de ellos, que habían sido expulsados de su barrio veinte años atrás, sino la de Sevilla, que por los intereses del poder había perdido un patrimonio etnológico y cultural de valor incalculable.

Ahora ese espectáculo, que grabó Ricardo Pachón, se puede ver en un documental que incorpora un trabajo de investigación sobre aquellos hechos: 'Triana Pura y Pura'. Su director, el propio Pachón y su productor, Gervasio Iglesias -'La Zanfoña Producciones-, lo han presentado esta mañana en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, acompañados por Mercedes de Pablos, directora del Centro de Estudios Andaluces, y de José Antonio del Saz Díaz de Mayorga, miembro de la Dirección General de la RTVA.

“Si algún privilegio tiene el haber cumplido tantos años, es haber podido estar allí”. Corría el año 1955 cuando un joven Ricardo Pachón -reconocido productor de artistas flamencos como Camarón, Lole y Manuel, Pata Negra o Rocío Jurado- se mudó con su familia de su casa en el centro a un bloque de pisos en la calle Pagés del Corro. El primer edificio de estas características que se levantó en el barrio de Triana. De hecho, a su alrededor, en una Sevilla muy distinta a la que conocemos hoy, había campo y casas habitadas por los gitanos, que él observaba desde la ventana de su cocina. “Yo por entonces estudiaba Derecho y los domingos, mientras mis amigos se iban a pasear y a ver a las muchachas por la calle Mayor, yo me adentraba en las casas de vecinos de Triana. Y así conocí a los Vega, los Montoya... familias elegantes de los gitanos de la Bética, que son los que mejor se han integrado del mundo”. 'Triana Pura y Pura' es un documento de gran valor histórico y un homenaje a la gitanería sevillana y a su genialidad flamenca.

Víctimas de la avaricia inmobiliaria

La película, que será proyectada mañana en el teatro Lope de Vega, recoge por un lado un material fotográfico inédito que inmortaliza la expulsión de los gitanos del barrio de Triana. Ayuntamiento, Policía, Ejército y Bomberos ejecutaron el desalojo de familias enteras por mor de los intereses urbanísticos. Fue en 1960 cuando, siendo gobernador civil Hermenegildo Altozano, se produjo la ruptura de aquel mundo castizo de casas de vecinos, en el que el flamenco se respiraba por las esquinas, para derribar viviendas y propiciar la expansión de la ciudad con nuevos inmuebles. Esta acción también se repitió en la Alameda de Hércules, otro importante centro del flamenco sevillano. 

Según los testimonios que recoge el documental, los gitanos se vieron obligados a vivir en chabolas de uralita en Las Corchuelas, sin luz ni agua corriente. Los pisos del Polígono San Pablo, las Tres Mil Viviendas y Las Vegas fueron el destino posterior de estas estirpes, que se mezclaron con otros gitanos en un ambiente que derivó en pobreza, marginalidad y delincuencia. “Los más afortunados, como Lole y Manuel y Chiquetete, pudieron quedarse en el aledaño barrio de El Tardón”. En 1983, los gitanos más viejos, fueron reunidos y animados por otros más jóvenes como Lole Montoya y Manuel Molina, que también habían vivido aquel episodio olvidado en la historia de Sevilla.

Juntos, con otros flamencos como Raimundo Amador, se subieron a las tablas del Lope de Vega para celebrar una fiesta gitana sin ensayos ni guiones: tal y como improvisaban continuamente y con cualquier motivo en las casas de vecinos de la Triana más pura. “El Ayuntamiento cedió el teatro y yo tuve la suerte de filmarlo, aunque en baja calidad, por una diferencia de presupuesto de diez mil pesetas”.
 

La gitanería y sus nombres

No obstante, el trabajo de etalonaje de las imágenes y el montaje de Mercedes Cantero han dado a la cinta el lustre que se merecen personajes como El Titi, El Herejía, El Pati, Tragapanes, Carmen del Titi, Pastora del Pati, Pepa la Calzona, el Tío Juani, Gloria Filigrana, derramaron todo su duende hasta llegar a una catarsis en la que los propios espectadores -que en su mayoría también eran gitanos, familiares y amigos- no pudieron reprimir las ganas de subir al escenario, como Carmen Montoya y Farruco. “Es el último testimonio audiovisual que tenemos de cómo bailaban los gitanos de Triana y de hecho, algunos bailaores contemporáneos como Israel Galván se está inspirando en esos movimientos por bulerías lentos, como los que hacía El Titi sin sacar los pies de la losa”.

El espectáculo prácticamente pasó desapercibido en Sevilla y los medios de comunicación, salvo excepciones, apenas se hicieron eco de tan singular acontecimiento. Pero Ricardo Pachón lo grabó y conservó esa cinta en su casa hasta que, tal y como narró Gervasio Iglesias, de 'La Zanfoña Producciones', lo visualizaron en su estudio y decidieron hacer un documental que ya ha sido galardonado con el premio Imaginera 2013, dentro del concurso de creación documental sobre la memoria de Andalucía, y con el premio al Mejor Documental Nacional en el XI Festival Internacional de Cine Musical de Barcelona. Iglesias tuvo unas palabras de agradecimiento para la RTVA. “Porque la nueva dirección demuestra una mayor sensibilidad hacia la cultura y eso es fundamental para que seamos nosotros mismos los que contemos nuestras propias historias. Y que no tengan que venir de fuera para decirnos cómo somos”.

Una herencia perdida

“Los viejos, como los llamábamos con cariño, hicieron algo que Sevilla no se merecía. Pero después de haber sido expulsados y humillados quisieron tener este gesto de generosidad”. La película cuenta con los testimonios de su director, pero también de Raimundo Amador, Manuel Molina, Matilde Coral -quien bautizó la expulsión como 'La noche de los cristales rotos'-, y José Lérida. Pachón reiteraba ayer su idea de que la forma de bailar y de cantar genuinamente sevillana que recoge el vídeo, ya no existe.

“Se ha perdido. Hay que tener en cuenta que, aunque los hijos y nietos de esas personas sí viven, ya no se da ese encuentro del patio de vecinos en el que se hacía la fiesta, cuando el hijo se iba a la mili, cuando volvía, cuando a alguien le tocaban los cupones, cuando había un bautizo. Siempre había un motivo. Para que eso se mantenga, ha de haber un determinado contexto social. Y en Triana ya no queda nada de eso, es un barrio turístico, ya no se ven esos gitanos elegantes. Y sus descendientes están disgregados. El flamenco es un arte de comunicación circular. Ahora es un arte de comunicación frontal en el que tu pagas tu butaca y te sientas a ver un espectáculo”.

Un pueblo castigado por la historia

Los gitanos llegaron a España a finales del siglo XIV, entrando por los Pirineos Catalanes. En torno al 1740 arribaron a Sevilla y se instalaron en la margen derecha del río, en un arrabal llamado ya por entonces Triana. Allí trabajaron como herreros, alfareros, tratantes de ganado, matarifes o carniceros. Su importancia para el Ejército como fabricantes de herraduras, ruedas y hasta balas para los cañones, además de suministradores de caballos y animales de trabajo, propició una buena convivencia interracial que solo se vio interrumpida cuando, en 1749, Fernando VI decretó la Prisión General de Gitanos.

Todos fueron apresados, condenados a trabajos forzosos o confinados en ciudades amuralladas en un intento racista por impedir el crecimiento de este pueblo. Pero una vez cumplidas sus penas, los gitanos regresaron a Triana, construyeron fraguas y organizaron la gitanería más importante del país. Durante el siglo XVIII se vivió un periodo de armonía amparado por las leyes de Carlos III y, entre otras cosas, propició el nacimiento del arte flamenco.
 

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