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Naturaleza doméstica

El alabado largometraje de autoficción ‘La jungla interior’, del sevillano Juan Barrero, será distribuido en otoño por Cine Binario

Bruno PadillaBruno Padilla|Sevilla

Que una producción tan modesta en su planteamiento como ‘La jungla interior’ logre distribución ya es motivo de alegría. Pero si además se trata de una ópera prima donde los protagonistas son su propio autor (cámara, guionista, director) y su novia, estamos hablando de lo más parecido a un milagro.

 

Algo que sólo se entiende viendo este, en efecto, milagro cinematográfico que es ‘La jungla interior’, una de esas películas inclasificables que, entre lo autobiográfico, el ensayo filosófico y la absoluta libertad creativa, logran captar la vida en cada uno de sus fotogramas. “Una película tan desasosegada, inquietante y profunda como finalmente deslumbrante”, escribía Luis Martínez en las páginas del diario El Mundo, sumándose a las buenas críticas cosechadas por la cinta tras su proyección en diversos festivales de altura.

El primer largometraje de Juan Barrero ha suscitado comparaciones con autores como Chris Marker, Andrei Tarkovski o Naomi Kawase. No obstante, este joven realizador nacido en el municipio sevillano de Mairena del Aljarafe se muestra modesto y a la vez desprejuiciado en sus aspiraciones: “Teníamos claro que la película no iría por los cauces convencionales, pero siempre la pensamos para el público más amplio posible. Estoy convencido de que no es un film elitista o cinéfilo, en un sentido hermético. Por mi experiencia en las proyecciones que hemos hecho, un público muy variado conecta con ella, aun siendo conscientes de que es una película muy independiente y que tiene una apuesta estilística definida”.

Tras lograr que el prestigioso Luis Miñarro coprodujera la cinta, Barrero ha llegado a un acuerdo con la distribuidora granadina Cine Binario, precisamente buscando abrir la cinta a un público más amplio. Para el realizador hispalense, “era importante encontrar complicidad para la distribución, y con ellos fue una especie de flechazo. Es gente muy joven y les auguro un futuro interesante, porque hacen falta este tipo de distribuidoras con otra filosofía”. Parte de los fondos que se destinarán a la distribución proceden del Premio Nuevas Olas, que ‘La jungla interior’ obtuvo en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla. “El premio fue importantísimo, porque era la primera vez que se proyectaba en España”, comenta Barrero. “Además, con el cambio en la dirección, el festival ha posicionado a Sevilla en el mapa de la cinefilia internacional, y eso ha repercutido en el interés de otros certámenes internacionales por la película”. Nueva York, Belfort, Nantes o Viena son algunos de los que han acogido su proyección fuera de nuestras fronteras.

La película inesperada

Hay obras cinematográficas difíciles de resumir en unas líneas. Por eso, en el caso de ‘La jungla interior’, preferimos remitirnos a la sinopsis oficial: “Antes de emprender una larga expedición científica por el Pacífico, Juan lleva a su novia Gala al pueblo donde transcurrió su infancia. Durante la visita, la pareja habla de planes de futuro y emergen profundas diferencias. Cinco meses más tarde, cuando Juan regresa de la jungla, descubre que su vida está a punto de cambiar para siempre”. Pero, ¿de dónde nace este proyecto tan ligado a la propia experiencia vital de Juan (Barrero)? “El origen de la película es un encuentro fortuito con unas cintas que aparecieron en una mudanza. No suelo filmar mi vida íntima, los encuentros familiares o las vacaciones, pero sí tenía esas grabaciones de una parte del embarazo de Gala”. Según cuenta el cineasta sevillano, en principio ese material no le interesaba nada, pero decidió echarle un ojo por curiosidad. “Más que el contenido de las imágenes, me sorprendió que me costaba mucho sentirme identificado con aquello. Eso me atrajo: el hecho de que la cosa probablemente más personal que había filmado nunca me produjera esa sensación de desapego”.

Como si se tratara de un documental, en ‘La jungla interior’ se ha trabajado sobre un material ya existente: “Tras analizar esas cintas y hacer pruebas de edición, rodamos un poco más, ya con unas intenciones más definidas, para terminar el film. Era una película no sólo encontrada sino también inesperada, que no había planeado hacer”. Eso sí, luego fue muy elaborada, aunque tenga apariencia de todo lo contrario. El trabajo de Barrero como realizador de National Geographic parece haber influido en el distanciamiento que toma la cámara con sus protagonistas, pese a la emotividad de los temas de pareja que se tratan. Del mismo modo, la formación en filosofía del autor sevillano se deja ver en las líneas temáticas que dibuja ‘La jungla interior’. Así, una de ellas reflexiona sobre el tiempo y la memoria, mientras que otra gira en torno al espacio, tanto exterior (la jungla, el pueblo) como interior (la casa familiar, la vida doméstica).

Entre los temas esenciales de ‘La jungla interior’ también se halla la paternidad y, sobre todo, la maternidad. En ese sentido Barrero reconoce que, aunque ella quería intervenir lo mínimo posible en el proceso, la implicación de su novia “era fundamental, de lo contrario nunca me habría planteado hacer la película”. Sin duda, la forma en la que Gala muestra sus dudas y temores durante el embarazo, pero también su pasión y su decisión irrevocable de ser madre, se encuentra entre lo mejor del film. En esos momentos previos al parto, la joven violinista (que en ocasiones se expresa a través de la música) conecta con las raíces de Juan de una forma ancestral o mitológica, en “una especie de transferencia de recuerdos”. Hay, en esta zona de la película, numerosos temas tabú que muy pocas veces ha abordado el cine, desde el sexo explícito a la maternidad problematizada, “lejos de la habitual óptica rosa”.

Conmoción y reflexión

Pese al ejercicio de exhibicionismo que algunos han querido ver en esa revelación de su vida íntima que supone el film (aunque también tiene mucho de ficción), Juan Barrero habla de su obra con una distancia prudencial y sin ningún afán egocéntrico: “En un primer momento, al verla te sientes expuesto, pero no porque sea una película de apariencia testimonial. Si fuera una ficción absoluta, me sentiría igual de desnudo o inseguro”. La película no duda en mostrar los momentos de amor/odio entre Gala y Juan, o al menos entre Gala y la cámara. Del mismo modo, ‘La jungla interior’ parece moverse entre las filias y las fobias de los espectadores, a partes iguales: “He visto reacciones de todo tipo, pero sobre todo me ha sorprendido la polémica que ha generado, a mí me parecía casi una película naíf. Hay quienes le aplican una lectura ideológica o incluso de género; quienes la critican o la alaban como una confesión o un haraquiri cinematográfico. También hay gente que se siente profundamente afectada, y que reacciona de muy diversas formas: la película les remueve las tripas y la conectan con su propia experiencia, o incluso les sirve como catarsis y salen totalmente conmovidos”.

Otra de las percepciones que se han hecho públicas tras visionar ‘La jungla interior’ es que el film, de alguna manera, no acaba en los créditos finales. Días después, aún sigue suscitando la reflexión en el espectador, que trata de poner orden en su cabeza a todo lo que ha visto/sentido. En poco más de una hora, este fascinante poema visual nos conecta con lo primario y nos sacude el alma en busca de nuestra (a veces descuidada) humanidad. O al menos así lo hemos vivido desde CineAndCine. Por suerte a partir del otoño que viene, cuando comience su distribución, mucha más gente podrá expresar sus propias sensaciones al respecto. Sólo tenemos que ser capaces de adentrarnos en plena jungla, la jungla de nuestra conciencia.
 

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